lunes, 31 de diciembre de 2012

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Hablo del sentido. Y no hablo de aquel que esta "sentido" en el sentido de que se encuentra enojado, enfadado: "es que se sintió porque no lo felicitaron en su cumpleaños" y ese tipo de cosas. Aunque pensándolo bien, creo que si es posible hablar de ese "sentido" que se llama revolucionario. ¿No es acaso el revolucionario aquel que se encuentra en un estado de eterna insatisfacción (a la manera de la histérica  en tanto que su deseo nunca da en el blanco? Y bien es cierto que los sentidos alteran el sentido. Sensato se le llama según nuestro gran compañero el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española a aquel que demuestra prudencia y de buen juicio. Habría que poseer lo que se llama una buena "inteligencia emocional" según el termino puesto de moda por Goleman y su best seller del mismo nombre para poder de cierta manera "domesticar" las emociones de acuerdo a lo políticamente correcto. Se nos enseña entonces cuales son los momentos para estar triste, para estar feliz, para estar deprimido y la lista continua. Cualquier desviación mostraría una virtual incompetencia para demostrar las emociones y sentidos de acuerdo al estándar. Candidato obligado a alguna terapia ofrecida por el mercado de practicantes que abogan por la salud mental y del buen decir.

En tanto hablantes, adolecemos de sentido. Apenas llegamos al mundo y el primer sentido es el de las manos del doctor que nos sostiene y nos golpea para sacar ese primer grito. El Otro finalmente hace gritar al cuerpo. Y se lanza el edicto: "Es..." de acuerdo a lo que esta o a lo que no esta. Primer búsqueda de sentido:  ¿Quien soy?. Lamentablemente, la respuesta no esta en el cuerpo. No esta en lo que esta o lo que no esta. Bien puede estar allí y no se sabe que hacer con el o no tenerlo y desearlo. Eterno dilema.

¿Que hay de ese psicoanálisis que funcionaria fuera de sentido? Es decir, es cierto que en el análisis  al menos en sus inicios, se rodea de sentido. Se van atando cabos de la propia existencia. Recuerdo algo en particular de mi propio análisis. En una sesión, y retomando un tema acerca de la incomprensión de la mente femenina y de sus implicaciones en mi propia angustia, olvide en el diván un libro titulado ¿Que quiere una mujer? de Serge Andre. Risas por este regalo de mi inconsciente. El sentido hace reír allí donde la angustia encuentra su nido.

Veo el análisis fuera de sentido, con orientación a lo Real, como ese juego de Jenga en el que se van quitando  poco a poco las piezas hasta tocar ese punto en el cual se harían temblar los semblantes.Una noción un poco radical comparada con aquellas terapias en las que se busca construir una buena confianza en si mismo, poner piezas para lograr una buena fortaleza mal llamada yoica.  El análisis iría quitando las piezas hasta ese significante amo que sostiene el discurso del analizante. A partir de allí...




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