sábado, 18 de octubre de 2014

La verdad, incomoda...

De acuerdo al Maria Moliner, encontramos dos excelentes ascepciones que en el español se utilizan, de acuerdo al contexto de lo que se intenta decir, y digo intenta porque no existe mas que el intento de transmitir algo de lo que se quiere comunicar; para referirnos a la palabra incomodo. Ya sea en su forma de adjetivo, en la cual involucra el ser y/o el estar del sujeto/objeto: "se dice de lo que obliga a una postura o produce molestias"; o bien en su forma de verbo, en donde actua como causa, un hacer. Se habla de un mal-estar. Desde muy temprano en la enseñanza del psicoanalisis, el problema de la verdad ha estado presente. Y lo esta desde una posición curiosa. La verdad como aquello que no puede soportarse. Que causa molestia. Que incomoda; como aquella que le pertenece al sujeto en la figura del sintoma como intento de conciliar una verdad que le es penosa; como aquel traspie de la palabra. Aqui es donde el psicoanalisis se aleja de la nocion de la verdad como correspondiente a lo sucedido, a lo comprobable, la que sería la verdad cientifica. Repetible. Pues en la experiencia dela analisis la verdad solo surge en su de-velamiento. En su no-decir la verdad esta ya dicha. Labor del analista el de presentarle al analizante su palabra al reverso. Alli donde yerras, alli donde te equivocas, alli donde olvidas, alli esta la verdad, una verdad que tiene la peculiaridad de no saberse justo donde se sabe. Freud le llamo inconsciente. Todo su desarrollo posterior se basa en esta noción, de esta fe, de esa creencia en que existe un inconsciente. Y digo fe en el sentido que le otorga un teologo como Joseph Ratzinger; la fe como un salto, como una decisión de la voluntad. En sus Conferencias de Introducción al Psicoanalisis, y ante un publico academico, Freud inicia su lectura advirtiendo y dando la oportunidad de que salieran del auditorio, para luego pedirles que se acepte la premisa de que existe lo inconsciente, y, aún mas audaz, que la vida consciente es dominada por estas mociones inconscientes. Un acto de fe. En ese sentido, el analista es un aserrimo creyente. Y a eso se le pide a aquel que inicia un analisis. Que hable. "Yo, la verdad, hablo..."No hay otra forma mas que la palabra,  Del inconsciente sabemos por su narrativa. Por sus efectos de y en el lenguaje.  La regla fundamental, el decirlo todo. Cosa imposible, como el decir la verdad, la verdad completa. De alli que nos contentemos con la varité, neologismo lacaniano que condensa verdad y variedad; del sujeto que acude con su malestar, malestar que, a su vez, encierra su propia y peculiar forma de afrontar su Real, su sintoma, su verdad.


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