martes, 10 de enero de 2017

Sea quizá el teatro una de las bellas artes que mas apegado esta a la pasión humana. Siendo del Creador por exclusividad la capacidad de la aparición de algo de la nada, es potencial del humano la posibilidad de re-crear, y que mayor logro de la humanidad que el representar en la figura del teatro el rostro comico-tragico de su estar en el mundo, de su existencia.
El arte dramático nos implica a los espectadores. En la antigüedad, el coro, en las tragedias griegas, toma el papel de aquel que tiene su presencia entre los asistentes. Dirá Jacques Lacan, psicoanalista francés, que el coro es la gente que se turba, que vive, que siente. De cierta manera, sienten por nosotros. Representa nuestras dudas, si, las del espectador, su alegría, su tristeza. Una interpasividad, siguiendo el feliz concepto citado por el filosofo Slavoj Zizek.
Por otro lado, hemos visto la evolución de este arte (y de las demás expresiones artísticas) una cierta búsqueda en el espectador de participar de la obra en si misma. Personajes que salen del telón dirigiéndose a la audiencia. Hablando con ella. Una interactividad. Somos observadores, si, pero también participantes en el desarrollo de la historia.
Tenemos ya estas dos posibilidades, la interpasividad, en la cual el otro hace por mi, siento a través del otro; y la interactividad, en la cual soy parte de los acontecimientos.
Nuestra vida diaria es hoy una obra en continuo movimiento, ¿seremos actores o espectadores?

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