martes, 19 de junio de 2018

Música...

La música como aquel discurso sin palabras que realmente es eficiente. Partiendo de la tentativa lacaniana de alcanzar un discurso que pueda serlo sin ser a la vez sombra y semblante. El análisis, al ser en si mismo un discurso, una forma de lazo social (obviando al lector la referencia a los discursos trabajados a partir del seminario XVI para ser finalmente formalizados en el seminario XVII) como tal no esta exento de también funcionar en base a la palabra, mentirosa, que alcanza la verdad solo a medias. 

El analista, como agente de discurso, ocupa la posición del semblante. La música, al ser del instrumento y del artista que interpreta; quizá, y si se me permite, como la voz a la garganta, al sujeto que la emite. Como arte, puede sobrepasar los limites, los litorales a donde el lenguaje no llega, fronteras lenguajeras y del blablablá. La función de la palabra, también superada, tocando de alguna manera lo Real, el vació y agujero ocasionado por la gravedad de lo simbólico. 

¿Puede la música transmitir lo inconsciente? La obra del autor, como tal y desde Joyce, al menos del autentico artista, como tal esta desabonado de inconsciente. En definitiva, el neurótico, el parletre, el sujeto que habla y representado por un significante ante otro significante, aloja siempre un inconsciente, de acuerdo a la feliz expresión de Jacques Alain Miller en una conferencia en Buenos Aires en 208. El artista, y su obra, no debe nada. No hay registro que provenga del Otro. 

La obra, una vez concluida, esta terminada; recordando el pasaje bíblico en el que la Revelación ya esta terminado en la figura del Mesías y que como tal cualquier agregado sera anatema, de acuerdo a las conciliares decisiones. Será el neurótico, !ah, el neurótico! quien le de a la música un intento de significación, encausarlo como el agua de rió hacia la cadena discursiva, territorio del lenguaje y, por lo tanto, sancionada por el Otro, y, por lo tanto, al inconsciente; en donde, en el mejor de los casos, abra un analista que interprete, no la música, sino la palabra que a partir de ella deviene en el contexto del dispositivo analítico. 

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