Mencione latencia en un principio, y hable del tiempo como contado. Tiempo para comprender lo contado. Y tiempo en el que encuentro (con algo de gracia) algunas referencias a lo que estaba diciendo. La cita es de Eric Laurent , quien dice lo siguiente acerca del binario que compone el semblante y el sinthoma en su irrupción, así como el papel del psicoanálisis en este debate: "La solución proclamada es la misma en todas partes: mehr glasnost, más transparencia. Scanners corporales para todo el mundo, inclusive para el Papa. El más-de-gozar se muestra insistente. Wajcman (2010) nombró bien eso. Es el instante del ojo absoluto. Es él que nos vuelve locos. Nosotros que somos engañados por el discurso analítico, somos los disidentes del ojo absoluto. Luchamos Judo con la tiranía de la transparencia. Sabemos que, en el fondo, el sinthôma no puede aparecer plenamente a la luz. Es preciso dejarle su parte de sombra.". Ese sinthoma que es el cordero para nuestro pequeño príncipe es preciso que se mantenga en su caja con agujeros. Y tiempo también es que necesito el protagonista para comprender la historia de ese niño que aparece en el desierto haciendo preguntas y no escuchando las que se le hacían: "Fueron palabras dichas al azar las que, poco a poco, me revelaron todo". Esto bien podría salir de boca de un analista, aunque, de una manera más precisa, del analizante. Es el propio analizante quien, dentro de su discurso, movido ahora por la regla fundamental de decir todo lo que se le ocurra, se le rebela y revela la verdad de su goce. Discurso del semblante, pues no lo hay que no lo sea sino de semblante y su pelea con el goce. Lo real del goce irrumpe de la misma forma en que el científico turco acude a presentar el descubrimiento ante la comunidad científica del asteroide B 612. ¡Nadie le cree porque no estaba bien vestido! Y claro, el goce no puede pasar sino es por el diafragma, siguiendo la feliz expresión braunsteniana, que es el semblante. Cuando por fin aparece vestido como el Rey manda, ahora si es digno de creerse. Pero el tiempo lo hizo posible, así como también hizo posible que pudiera escribir esto, que no es lo ultimo.
jueves, 8 de marzo de 2012
"Ciclos y semblantes"
Tres semanas han pasado desde que deje en estado de "latencia" esta lectura de El principito. Pausa necesaria debido tanto a cuestiones laborales (no me había permitido escribir durante este tiempo) y porque pensé adecuado traer a la luz nuevamente mis pequeños escritos sobre el amor, debido nuevamente a las cuestiones del tiempo. La coloque sin cambios, tal y como fueron escritos en su momento. Aún se encuentran vigentes, según me comentan quienes los leyeron. Y mas en este mes que ya encuentra su termino dentro de un año que según las interpretaciones de cierta cultura mesoamericana señala como el fin de un ciclo, que sería el ultimo. Una búsqueda rapida en la Wikipedia, nos dice que la famosa Cuenta Larga (de donde se obtiene la teoría del fin) a diferencia del calendario circular, es una cuenta lineal. ¿Qué quiere decir esto? Mientras que el calendario repetía las fechas, de la misma forma en que lo hacemos en la actualidad con nuestros calendarios (hoy es 1 de Marzo, y dentro de un años también sera 1 de Marzo), la Cuanta Larga es una cuenta de los tiempo de forma lineal, aunque si encontramos ciclos dentro de esta cuenta. Encuentro aquí una divertida referencia a lo que consideramos como psicoanálisis como terapéutica, en contraste con otras formas de psicoterapia, tema que ya ha sido muchas veces trabajado (incluso en este humilde blog). Se piensa del psicoanalisis como una "cuenta larga", continua, de duración, como lo dice, larga. Y tienen razón, como bien dice Jacques Alain Miller en las Conversaciones que se llevaron a cabo en Barcelona en 2005: "(..) la naturaleza del tratamiento analítico hace que sea de larga duración(...) mientras que las terapias cognitivo-conductuales se presentan como terapias breves - y aquí agrega algo de cu clásica comicidad - Y son breves porque el sujeto solo podría soportar poco tiempo el tipo de presión que le hace el terapeuta". Y justamente el debate que se lleva a cabo en estas Conversaciones es el fenómeno de los "efectos terapéuticos rápidos" que pueden ser alcanzados por el psicoanálisis. Y es durante el debate que surge lo que Miller establece como "teoría de los ciclos en la experiencia analítica"; es decir, habría en el curso del análisis ciclos que se cierran, mismos que pueden ser breves y con efectos terapéuticos, que podrían, o no, invitar al analizante a seguir con su camino. Algo que los mayas pareciera que tenían muy claro, esta idea de los ciclos dentro de la cuenta larga de los años.

Mencione latencia en un principio, y hable del tiempo como contado. Tiempo para comprender lo contado. Y tiempo en el que encuentro (con algo de gracia) algunas referencias a lo que estaba diciendo. La cita es de Eric Laurent , quien dice lo siguiente acerca del binario que compone el semblante y el sinthoma en su irrupción, así como el papel del psicoanálisis en este debate: "La solución proclamada es la misma en todas partes: mehr glasnost, más transparencia. Scanners corporales para todo el mundo, inclusive para el Papa. El más-de-gozar se muestra insistente. Wajcman (2010) nombró bien eso. Es el instante del ojo absoluto. Es él que nos vuelve locos. Nosotros que somos engañados por el discurso analítico, somos los disidentes del ojo absoluto. Luchamos Judo con la tiranía de la transparencia. Sabemos que, en el fondo, el sinthôma no puede aparecer plenamente a la luz. Es preciso dejarle su parte de sombra.". Ese sinthoma que es el cordero para nuestro pequeño príncipe es preciso que se mantenga en su caja con agujeros. Y tiempo también es que necesito el protagonista para comprender la historia de ese niño que aparece en el desierto haciendo preguntas y no escuchando las que se le hacían: "Fueron palabras dichas al azar las que, poco a poco, me revelaron todo". Esto bien podría salir de boca de un analista, aunque, de una manera más precisa, del analizante. Es el propio analizante quien, dentro de su discurso, movido ahora por la regla fundamental de decir todo lo que se le ocurra, se le rebela y revela la verdad de su goce. Discurso del semblante, pues no lo hay que no lo sea sino de semblante y su pelea con el goce. Lo real del goce irrumpe de la misma forma en que el científico turco acude a presentar el descubrimiento ante la comunidad científica del asteroide B 612. ¡Nadie le cree porque no estaba bien vestido! Y claro, el goce no puede pasar sino es por el diafragma, siguiendo la feliz expresión braunsteniana, que es el semblante. Cuando por fin aparece vestido como el Rey manda, ahora si es digno de creerse. Pero el tiempo lo hizo posible, así como también hizo posible que pudiera escribir esto, que no es lo ultimo.
Mencione latencia en un principio, y hable del tiempo como contado. Tiempo para comprender lo contado. Y tiempo en el que encuentro (con algo de gracia) algunas referencias a lo que estaba diciendo. La cita es de Eric Laurent , quien dice lo siguiente acerca del binario que compone el semblante y el sinthoma en su irrupción, así como el papel del psicoanálisis en este debate: "La solución proclamada es la misma en todas partes: mehr glasnost, más transparencia. Scanners corporales para todo el mundo, inclusive para el Papa. El más-de-gozar se muestra insistente. Wajcman (2010) nombró bien eso. Es el instante del ojo absoluto. Es él que nos vuelve locos. Nosotros que somos engañados por el discurso analítico, somos los disidentes del ojo absoluto. Luchamos Judo con la tiranía de la transparencia. Sabemos que, en el fondo, el sinthôma no puede aparecer plenamente a la luz. Es preciso dejarle su parte de sombra.". Ese sinthoma que es el cordero para nuestro pequeño príncipe es preciso que se mantenga en su caja con agujeros. Y tiempo también es que necesito el protagonista para comprender la historia de ese niño que aparece en el desierto haciendo preguntas y no escuchando las que se le hacían: "Fueron palabras dichas al azar las que, poco a poco, me revelaron todo". Esto bien podría salir de boca de un analista, aunque, de una manera más precisa, del analizante. Es el propio analizante quien, dentro de su discurso, movido ahora por la regla fundamental de decir todo lo que se le ocurra, se le rebela y revela la verdad de su goce. Discurso del semblante, pues no lo hay que no lo sea sino de semblante y su pelea con el goce. Lo real del goce irrumpe de la misma forma en que el científico turco acude a presentar el descubrimiento ante la comunidad científica del asteroide B 612. ¡Nadie le cree porque no estaba bien vestido! Y claro, el goce no puede pasar sino es por el diafragma, siguiendo la feliz expresión braunsteniana, que es el semblante. Cuando por fin aparece vestido como el Rey manda, ahora si es digno de creerse. Pero el tiempo lo hizo posible, así como también hizo posible que pudiera escribir esto, que no es lo ultimo.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Reflexiones sobre el amor III
El amor es un enigma. En tanto que fenómeno, es algo a la vez evidente y algo inasible. Conlleva una certeza indiscutible, al igual que una duda infinita. Es una pregunta y una incertidumbre. ¿Qué te distingue a ti sobre los demás?, ¿Por qué me quieres, porque yo, que acaso soy diferente? Dice Zizek que el amor es el “termino enigmático” por excelencia, haciendo referencia a ese factor X desconocido, al “no sé qué” que me hace enamorarme. Te amo a ti, pero hay algo que esta mas allá de ti misma, algo incognoscible, que permanece velado. Es decir, hay algo en ti que no alcanzo a nombrar. Es más, desde el momento en que puedo enumerar las razones por las cuales te amo, tus características que me hicieron que me enamorara o esos “detalles” que busco en ti, puedes estar segura que esto no es amor. Esto pertenecería a amarme en el otro, cual Narciso ante el espejo del lago, quien enamorado de su reflejo, queda convertido en la flor que lleva su nombre. Es muy común encontrarse con la pregunta ¿Por qué me quieres? La respuesta más honesta seria “no lo sé”, pues justamente el hecho de no saber el porqué es que puedo amarte. Más bien, habría que completar este “no lo sé” con un “pero lo sé…” No hay lugar aquí para la razón o el pensamiento. Esto en contraste con las actuales concepciones de la bioquímica cerebral que proponen la liberación de ciertos neurotransmisores que serian los causantes de reacciones en el cerebro que nosotros, mundanos ignorantes de la ciencia, simples ingenuos de la causalidad fisiológica confundimos con el amor. Personalmente prefiero la ignorancia. La eterna cuestión que me hace estar ahí, que nos con-funde; como diría el poeta: “no es posible amar a lo que se conoce por completo. El amor se dirige a lo que está oculto en su objeto”. Sin embargo, esto oculto pide su nombramiento, se le interroga al amor constantemente. Hay que amar, si, pero de igual forma hay que decirlo (y demostrarlo en ocasiones). Algo es seguro, nunca se está seguro en temas de amor. Apenas se cree que se va por el camino correcto, vemos que en realidad estamos dando vueltas en círculos. No hay mapa, ni brújula para el recorrido. Las pruebas son engañosas y las pistas suelen perdernos. Ya sea al momento de hablar de él, del amor, el riesgo que se corre es el de limitarse a decir cualquier cosa, las contradicciones aquí no importan; ejemplo de ello es la canción titulada “Amarte a ti”, en su letra podemos encontrar todas estas cuestiones. Incluso, cuando hablamos del amor, no se sabe que se habla y entre más se habla, menos se sabe. Heme aquí, en la ridícula tarea a la que se han dedicado miles antes que yo, a exponer su ignorancia tratando de encontrar la forma de nombrar al amor, y me he encontrado con esas contradicciones que parecen llevarse bien, acoplarse en la diferencia. ¿Y que no es esto la base de aquel principio de la física (no recuerdo cual) que de la electricidad dice que el polos iguales se rechazan y polos diferentes se atraen? ¿No es acaso este principio lo que ocurre al buscar a esa persona? Ciertamente se pueden compartir muchas cosas, pero es en la diferencia en el que uno encuentra la comunidad. No hay encuentro perfecto, no existe la pareja ideal. Lo que hay es un sujeto totalmente desconocido en su incompletud. Uno se arriesga a encontrar en el otro aquello que hará diferente su existencia. ¿Cómo saber que es la persona correcta? ¿Cómo lanzarse al vacío de la duda? ¿Cómo aventurarse al inmenso mar de la incertidumbre? Nunca se está seguro. Podemos esperar a que llegue el momento indicado, ese momento en el que todo se pondrá de nuestro lado y finalmente acceder a aquella promesa. Esto es un engaño. No hay tiempo perfecto, no hay momento indicado. Así, vemos en películas y en series de televisión la misma escena: el enamorado que planea hasta el más mínimo detalle de lo que será la declaración de amor; pero paradójicamente siempre algo sale mal e impide lo que seguramente sería algo de lo más romántico. ¿Qué no enseña esto? Que no existe mejor momento que el ahora. Lo que hay es este preciso momento, este minuto y este espacio. Que el tiempo no se ha de buscar, se hace. Que cualquier lugar es el indicado. La planeación demuestra así su falla. La hipótesis necesita de la experimentación para comprobarse; así como el amor necesita de su puesta en palabras.
“Aquel que no lucha por lo que quiera, ciertamente no merece aquello que desea…” Una frase de aquellas que uno se encuentra cuando no se las buscaba, pero que encajan en la serie de ocurrencias que vienen y van. No podría ser más cierta. El amor es una guerra, una batalla y una lucha constante en la que somos simples soldados obedeciendo órdenes que nos sobrepasan. No sabemos qué ocurrirá en el momento que salimos de la seguridad de la trinchera hacia el campo de batalla. Pero si nos quedamos en ella, en la trinchera ¿Cómo alcanzar el honor de la muerte o la gloria de la victoria? Tal vez haya momentos en los que pareciera que la lucha no vale la pena, que es una batalla perdida, que habría que rendirse. Todo está en nuestra contra y los intentos son sin sentido. La lógica nos dicta que la rendición es la mejor opción. Pero estamos hablando aquí de aquello en lo cual no hay lógica, aquello en lo que él sin sentido cobra su mayor sentido. Y hay sufrimiento, ese es el riesgo del juego en el que la apuesta es la misma instancia del ser. Claudicar no es una opción, la lucha continúa hasta sus últimas consecuencias. Va siendo la hora de salir de la trinchera, de dejar atrás las intrincadas estrategias y planeaciones. El acto heroico es considerado valiente y a la vez estúpido. Pero por amor, ¿quién no hace estupideces?
viernes, 17 de febrero de 2012
Reflexiones sobre el amor II
Continúo con esta tarea imposible de decir algo coherente acerca del amor. Trate de escribir ciertas cosas sobre las que había estado pensando, buscando libros que me dieran una guía mas solida acerca de esto. Me di cuenta al escribir, que sonaba muy artificial, mas rebuscado. Ya de entrada hablar de esto es un pleonasmo, una repetición de algo sabido. Así que decidí abandonarme en los pensamientos, tratando lo menos posible de hacer referencias teóricas y ponerle más atención a aquello que simplemente acudía a mi mente. Pero bueno, como dice el trovador: “Y es que no importa que digan, que esta trillado, hablar de amor, que maldigan, si no han probado, la noche en sus brazos de sol…”. No hay tema más trillado, mas hablado, mas escrito, mas actuado (y en ocasiones vaya que sobreactuado) que el del amor en la producción humana. Simplemente traigamos a nuestra memoria una película o canción. Podría apostar que entre sus albores se encuentra el amor, en mayor o menor medida, pero se encuentra. “El amor es una locura, estoy loco por ti, tú me vuelves loco” Frases así encontramos en el discurso del enamorado cuando habla a su amada. No soy yo el loco, eres tu quien lo provoca. Es el otro que se posesiona de mis pensamientos y acciones, ambas producciones del lenguaje. Algo ha invadido el cuerpo, algo ha tomado posesión de la misma existencia del ser. “Me gusta como soy cuando estoy contigo”. Ya no soy yo mismo, soy otro que habla a través de mi boca, soy otro que escucha con mis oídos, soy otro que siente con mis sentidos. He sido secuestrado en mi propio cuerpo. Y es precisamente la amada quien ha tomado mi vida, mi ser y existencia. Es el amor que me hace estar fuera de mí, que enloquece en su evocación. Tomemos en cuenta hasta que punto un enamoramiento posee las características de un delirio, de una alucinación. ¿Acaso no vemos a la amada en cada amanecer? ¿No vemos a la amada en cada cosa hermosa que nuestros ojos pueden vislumbrar? ¿No escuchamos sus palabras en los suspiros del viento, en el dulce cantar de las aves? ¿En el sonido de las olas del mar? Sin este carácter delirante no existirían ni la música, ni poemas, nada. Definitivamente hay algo insano en esto de amar a otro, que me aliena cual pasajero en mi cuerpo, cual intruso en mis pensamientos. Invasión que me vacía y me llena. Una enfermedad, una patología, algo que pasa, que acontece sin esperarlo. Que sin avisar llega entrando a sus anchas. Loco es quien hace locuras, ¡¿Pero quién, en posición de enamorado, no ha hecho cosas por la amada que “normalmente” no haría?! Así, estamos riendo por temas sin sentido; así, sin hablar nos entendemos. Hacemos el ridículo. Esto es cosa de locos. ¡Me vuelve loco!, y si el amor es una locura, el mundo sería un inmenso manicomio.
Recordemos un poco nuestra infancia, no tanto, solo un momento. Ese juego llamado de los “encantados”, en donde corremos de alguien que posee “algo” que en el instante mismo que nos toca, quedamos “encantados”, paralizados en la posición en qué quedamos, convertidos en estatuas ante el contacto del otro. “Me encantas”, otra frase tomada del vocabulario del enamorado. “Estoy bajo un hechizo cuyo nombre eres tú”. No es coincidencia que dentro de los albores de la magia, sea el manejo y/o control del amor uno de sus objetivos. Si no, ¿Por qué la existencia de tantos rituales, consejos, medallones preparados para atraer el amor? Solo basta tomar una revista para adolescentes (y porque no, hasta una la famosa Cosmopolitan para la mujer) y rápidamente encontraremos hechizos para el amor, decretos que lo atraigan, etc. La lista es interminable. La sabiduría popular no deja de lado este aspecto “mágico” del amor. Recordemos a los antiguos, aquello que no tenia explicación, era atribuido a misteriosas influencias, poderes encima de nosotros. Justamente, porque el amor es inexplicable es porque encuentra su lugar en aquello oculto, velado, misterioso. Es interesante el hecho de que tales “procedimientos” sean dirigidos hacia un mercado casi completamente femenino, aunque no es de extrañarse. Si existe un enigma cuya respuesta no sería más que otro enigma seria la mujer. ¿Y quién sería capaz de resistir (nuevamente) los “encantos” de la amada, sumergirse en su “hechizo”?
“El objeto de amor solo se engendra en una falta que motiva su anhelo” Es decir, es necesario que falte, que no este, que no se tenga. Solo así podría engendrarse el amor, así como Eros nace de la unión de Penia, diosa de la pobreza; quien, mostrando su ausencia, es tomada por Poros, dios de la riqueza. ¿Qué sentido seria buscar aquello que ya se ha encontrado? Ninguno. Por eso debe faltar, para que provoque su búsqueda. “Me haces falta tu”, “Tu me completas”, “Mi alma gemela”, “mi media naranja”. Seres completos de cuatro brazos y piernas que han sido, escindidos, cortados por un vengador Zeus y su rayo produciendo individuos (los que han sido divididos); seres condenados a buscar la mitad perdida y anhelada. Encuentro de dos que nada tienen, pues a ambos les falta. Pero lo cierto es que no tengo nada (…) yo solo tengo este amor, dime si quieres tomar el riesgo…
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