viernes, 17 de febrero de 2012

Reflexiones sobre el amor II

Continúo con esta tarea imposible de decir algo coherente acerca del amor. Trate de escribir ciertas cosas sobre las que había estado pensando, buscando libros que me dieran una guía mas solida acerca de esto. Me di cuenta al escribir, que sonaba muy artificial, mas rebuscado. Ya de entrada hablar de esto es un pleonasmo, una repetición de algo sabido. Así que decidí abandonarme en los pensamientos, tratando lo menos posible de hacer referencias teóricas y ponerle más atención a aquello que simplemente acudía a mi mente. Pero bueno, como dice el trovador: “Y es que no importa que digan, que esta trillado, hablar de amor, que maldigan, si no han probado, la noche en sus brazos de sol…”. No hay tema más trillado, mas hablado, mas escrito, mas actuado (y en ocasiones vaya que sobreactuado)  que el del amor en la producción humana. Simplemente traigamos a nuestra memoria una película o canción. Podría apostar que entre sus albores se encuentra el amor, en mayor o menor medida, pero se encuentra.

“El amor es una locura, estoy loco por ti, tú me vuelves loco” Frases así encontramos en el discurso del enamorado cuando habla a su amada. No soy yo el loco, eres tu quien lo provoca. Es el otro que se posesiona de mis pensamientos y acciones, ambas producciones del lenguaje. Algo ha invadido el cuerpo, algo ha tomado posesión de la misma existencia del ser. “Me gusta como soy cuando estoy contigo”. Ya no soy yo mismo, soy otro que habla a través de mi boca, soy otro que escucha con mis oídos, soy otro que siente con mis sentidos. He sido secuestrado en mi propio cuerpo. Y es precisamente la amada quien ha tomado mi vida, mi ser y existencia. Es el amor que me hace estar fuera de mí, que enloquece en su evocación. Tomemos en cuenta hasta que punto un enamoramiento posee las características de un delirio, de una alucinación. ¿Acaso no vemos a la amada en cada amanecer? ¿No vemos a la amada en cada cosa hermosa que nuestros ojos pueden vislumbrar? ¿No escuchamos sus palabras en los suspiros del viento, en el dulce cantar de las aves? ¿En el sonido de las olas del mar? Sin este carácter delirante no existirían ni la música, ni poemas, nada. Definitivamente hay algo insano en esto de amar a otro, que me aliena cual pasajero en mi cuerpo, cual intruso en mis pensamientos. Invasión que me vacía y me llena. Una enfermedad, una patología, algo que pasa, que acontece sin esperarlo. Que sin avisar llega entrando a sus anchas. Loco es quien hace locuras, ¡¿Pero quién, en posición de enamorado, no ha hecho cosas por la amada que “normalmente” no haría?! Así, estamos riendo por temas sin sentido; así, sin hablar nos entendemos. Hacemos el ridículo. Esto es cosa de locos. ¡Me vuelve loco!, y si el amor es una locura, el mundo sería un inmenso manicomio.

Recordemos un poco nuestra infancia, no tanto, solo un momento. Ese juego llamado de los “encantados”, en donde corremos de alguien que posee “algo” que en el instante mismo que nos toca, quedamos “encantados”, paralizados en la posición en qué quedamos, convertidos en estatuas ante el contacto del otro. “Me encantas”, otra frase tomada del vocabulario del enamorado. “Estoy bajo un hechizo cuyo nombre eres tú”. No es coincidencia que dentro de los albores de la magia, sea el manejo y/o control del amor uno de sus objetivos. Si no, ¿Por qué la existencia de tantos rituales, consejos, medallones preparados para atraer el amor? Solo basta tomar una revista para adolescentes (y porque no, hasta una la famosa Cosmopolitan para la mujer) y rápidamente encontraremos hechizos para el amor, decretos que lo atraigan, etc. La lista es interminable. La sabiduría popular no deja de lado este aspecto “mágico” del amor. Recordemos a los antiguos, aquello que no tenia explicación, era atribuido a misteriosas influencias, poderes encima de nosotros. Justamente, porque el amor es inexplicable es porque encuentra su lugar en aquello oculto, velado, misterioso. Es interesante el hecho de que tales “procedimientos” sean dirigidos hacia un mercado casi completamente femenino, aunque no es de extrañarse. Si existe un enigma cuya respuesta no sería más que otro enigma seria la mujer. ¿Y quién sería capaz de resistir (nuevamente) los “encantos” de la amada, sumergirse en su “hechizo”?

“El objeto de amor solo se engendra en una falta que motiva su anhelo” Es decir, es necesario que falte, que no este, que no se tenga. Solo así podría engendrarse el amor, así como Eros nace de la unión de Penia, diosa de la pobreza; quien, mostrando su ausencia, es tomada por Poros, dios de la riqueza. ¿Qué sentido seria buscar aquello que ya se ha encontrado? Ninguno. Por eso debe faltar, para que provoque su búsqueda. “Me haces falta tu”, “Tu me completas”, “Mi alma gemela”, “mi media naranja”. Seres completos de cuatro brazos y piernas que han sido, escindidos, cortados por un vengador Zeus y su rayo produciendo individuos (los que han sido divididos); seres condenados a buscar la mitad perdida y anhelada. Encuentro de dos que nada tienen, pues a ambos les falta. Pero lo cierto es que no tengo nada (…) yo solo tengo este amor, dime si quieres tomar el riesgo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario