miércoles, 22 de mayo de 2013

"De sueños"

Quien haya alguna vez recorrido en sus reflexiones las vías del alma humana, se ha de encontrar necesariamente con la fenomenología del sueño. Y no del sueño como esa necesidad fisiológica, del descanso de las funciones cerebrales (algunas, hoy sabemos que aun en reposo, el cerebro aun esta trabajando). Tampoco del sueño que en ocasiones nos da al escuchar algún relato aburrido o sermón extenuante. Mucho menos de esos sueños que se persiguen, como si los sueños pudieran alcanzarse. Puede que hable de esto mas adelante. Los sueños por los cuales se lucha en aras de su cumplimiento.De lo que tratare de encargarme es mas bien de ese fenómeno del sueño en psicoanálisis  Tentativa que resulta hasta cierto punto pleonasmica, si se me permite,  pues se ha trabajado mucho este concepto de la teoría y practica analítica.  Es por todos conocido que una de las obras fundacionales del psicoanálisis es precisamente La Interpretación de los Sueños por parte de Sigmund Freud en el año de 1900, iniciando un siglo que vería sus propios sueños (y pesadillas) volverse realidad. Con Freud, sabemos que el sueño tendría un mensaje presto a ser interpretado por el analizante dentro del contexto de la sesión analítica mediante la asociación libre del discurso y las puntuaciones del analista. Un mensaje que revelaría la verdad inconsciente a la manera de cumplimiento de deseo. Ejemplo clásico el de la niña a la que se le ha negado el pastel, en sus suenos se ve a si misma devorando uno de esos pasteles. Así  el sueño entra en la categoría de las formaciones del inconsciente, con justo lugar en compañía de los lapsus, olvidos, chistes, etc; mismos cuya dinámica tiene su razón en tales mociones reprimidas y que darían pie a la investigación freudiana de la neurosis, especialmente de la histeria. 

Luego de este pequeño recordatorio, me remito a mis propias elaboraciones. Cuando comienzo a esbozar lo que sera tema de mi escritura, sea cual sea momento, siempre me dirijo en primera instancia al Diccionario de la Real Lengua Española. Al leer acerca de aquel termino que me remueve el pensamiento encuentro no pocas veces inesperadas sorpresas que elevan mi interés por tal concepto, y me da a su vez nuevas ideas que no se me habían ocurrido antes. Caso clásico del movimiento del significante, que representa al sujeto ante otro significante, según el primer Lacan. Esa palabra que remite a la otra, que a su vez remite a otra en interminables giros por el agujero del lenguaje. Para el significante Sueño nuestro Diccionario dice lo siguiente:

Sueño (del lat. somnus): 1. m. Acto de dormir. 2. m. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes. 3. m. Estos mismos sucesos o imágenes que se representan. 4. m. Ganas de dormir. 5. m. Cierto baile licencioso del siglo XVIII. 6. M. Cosa que carece de realidad o fundamento y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse. 
Solo como mención, he de decir que la definición que mas me intereso fue la numero cinco, y he de confesar también que no encontré referencias acerca de ese baile licencioso del siglo XVIII. Si algún lector de este ensayo puede remitirme algo se lo agradecería mucho. La primera aportación del diccionario nos indica sin mas el acto del dormir. Y soñador seria aquel que sueña mucho; aquel que cuenta patrañas y ensueños y les da crédito fácilmente; que discurre fantásticamente, sin tener en cuenta la realidad; definición a su vez otorgada por el mencionado Diccionario; dejando afuera el termino soñante, que se aplicaría al que sueña. También esto tendrá consecuencias mas adelante. Hasta ahora vamos bien. La segunda acepción se acerca mas a nuestro objeto de estudio desde el psicoanálisis. Nos habla justamente de la representación (mientras se duerme) de eventos, escenas, imágenes, etc, etc. Lo interesante, y que lector puede también notar, es la implicación del propio soñante en el acto de representar-se en la fantasía. Primer punto de capitonado. La implicación del ser en el sueño. ¿Se es cuando se sueña? Todos conocemos esa ominosa situación en la que nos vemos nosotros mismos implicados dentro de la trama (drama) del sueño cual actores de una bizarra producción. Expresiones tales como: era yo, pero a la vez me parecía a tal, pero con detalles de... obtenidos de relatos de pacientes, amigos, sujetos y que están suficientemente explicitados en la obra freudiana como desplazamientos y condensaciones inconscientes nos permiten vislumbrar la particularidad del sueño en el ser. Lo dijimos al principio, y llegamos a la misma conclusión lacaniana, el significante es lo que representa al sujeto para otro significante. El sueño seria entonces un significante, representante del sujeto ante el Otro. De allí se sostiene que solo el sueño que se pone en palabras, aquel que se cuenta, es el que se interpreta. Y no se interpreta el sueño, se interpreta al sujeto en tanto portador del sueño y en tanto que es hablado por el. Ambigüedad necesaria cuando se habla del sujeto del inconsciente, ese que sujeto que cuenta patrañas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

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Hablo del sentido. Y no hablo de aquel que esta "sentido" en el sentido de que se encuentra enojado, enfadado: "es que se sintió porque no lo felicitaron en su cumpleaños" y ese tipo de cosas. Aunque pensándolo bien, creo que si es posible hablar de ese "sentido" que se llama revolucionario. ¿No es acaso el revolucionario aquel que se encuentra en un estado de eterna insatisfacción (a la manera de la histérica  en tanto que su deseo nunca da en el blanco? Y bien es cierto que los sentidos alteran el sentido. Sensato se le llama según nuestro gran compañero el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española a aquel que demuestra prudencia y de buen juicio. Habría que poseer lo que se llama una buena "inteligencia emocional" según el termino puesto de moda por Goleman y su best seller del mismo nombre para poder de cierta manera "domesticar" las emociones de acuerdo a lo políticamente correcto. Se nos enseña entonces cuales son los momentos para estar triste, para estar feliz, para estar deprimido y la lista continua. Cualquier desviación mostraría una virtual incompetencia para demostrar las emociones y sentidos de acuerdo al estándar. Candidato obligado a alguna terapia ofrecida por el mercado de practicantes que abogan por la salud mental y del buen decir.

En tanto hablantes, adolecemos de sentido. Apenas llegamos al mundo y el primer sentido es el de las manos del doctor que nos sostiene y nos golpea para sacar ese primer grito. El Otro finalmente hace gritar al cuerpo. Y se lanza el edicto: "Es..." de acuerdo a lo que esta o a lo que no esta. Primer búsqueda de sentido:  ¿Quien soy?. Lamentablemente, la respuesta no esta en el cuerpo. No esta en lo que esta o lo que no esta. Bien puede estar allí y no se sabe que hacer con el o no tenerlo y desearlo. Eterno dilema.

¿Que hay de ese psicoanálisis que funcionaria fuera de sentido? Es decir, es cierto que en el análisis  al menos en sus inicios, se rodea de sentido. Se van atando cabos de la propia existencia. Recuerdo algo en particular de mi propio análisis. En una sesión, y retomando un tema acerca de la incomprensión de la mente femenina y de sus implicaciones en mi propia angustia, olvide en el diván un libro titulado ¿Que quiere una mujer? de Serge Andre. Risas por este regalo de mi inconsciente. El sentido hace reír allí donde la angustia encuentra su nido.

Veo el análisis fuera de sentido, con orientación a lo Real, como ese juego de Jenga en el que se van quitando  poco a poco las piezas hasta tocar ese punto en el cual se harían temblar los semblantes.Una noción un poco radical comparada con aquellas terapias en las que se busca construir una buena confianza en si mismo, poner piezas para lograr una buena fortaleza mal llamada yoica.  El análisis iría quitando las piezas hasta ese significante amo que sostiene el discurso del analizante. A partir de allí...




miércoles, 31 de octubre de 2012

2 de 3

Pienso en el sentido. Desde sus momentos inaugurales, el psicoanalisis tuvo su boom por esta paradojica novedad: el yo no gobierna en su propia casa. Tercer gran golpe al narcisismo humano. Alojamos un inconsciente, cual incomodo huesped, según la feliz expresión de Jacques- Alain Miller. ¡Hay sentido¡ El psicoanalisis se basa en un determinismo absoluto, todo sucede por algo, nada es por azar. Esas formaciones del inconsciente, llamese lapsus, chistes, olvidos, errores; no son por azar. Y esto se verifica, parafraseando nuevamente a Miller, siempre. Hay un reino del sentido que el psicoanalisis se encargaría de verificar. El síntoma histerico, ese que levanto el oído freudiano en un primer tiempo, no es mas que un mensaje que habría que leer a filigrana con dos heramientas; del lado de analizante: la asociación libre; decirlo todo aun con la imposibilidad de tal empresa; del lado del analista; la interpretación que daria sentido al discurso equivoco de la palabra del analizante. Explosión de sentido. Primer movimiento en la lectura lacaniana de Freud. La interpretación dirigida a elucidar el sentido velado del sintoma, desciframiento del inconsciente. Pero hay el resto. Eso que ya desde la Traumdeutung Freud llama  ombligo del sueño, esa parte inaccesible al sentido, limite de la interpretación, vacío de la palabra y del lenguaje que no alcanzan a nombrar. Aqui es donde comienza verdaderamente el problema del sentido. Se siente. El cuerpo mismo responde al sentido. Una caída y una deuda: "ahora caigo en la cuenta". El humano es un deudor del sentido, le debe su misma existencia. Lo pedimos, lo exigimos. Le tememos a aquello que no lo tiene. La ciencia, con ese real que ofrece, aspira a completar el sentido de la naturaleza mediante la reducción de la misma a la formula en el pizarrón o en la publicación que se ofrece al gremio cientifico del mundo para su aprobación. Viene del Otro el juicio de sentido. Otro gran problema. Solo tiene sentido aquello que proviene del Otro como cargado de esta significación.

Lo cierto es que si en algo estamos perdidos es en la busqueda de sentidos. En especial de lo que deseamos. ¿Quien de entre nosotros podemos decir que sabemos lo que deseamos? Saber y deseo aparecean como dos caminantes que se encuentran en lo que los gringos pudieran llamar como Quest, como búsqueda, travesía, recorrido tras el sentido. Quien halla visto la saga de Piratas del Caribe encuentra en la brujula de Jack Sparrow (perdón, Capitan Jack Sparrow) un artefacto que conjuga saber, deseo y sentido. Para la mayoría, podría arriesgarme a decir, la flecha no sabría a donde apuntar. 

En estos tiempos que corren abundan los sentidos, los encontramos en los libros. Autores y autores con best-seller acerca de como darle sentido a la vida, a la familia, a la religión, al trabajo y un largo etc. Hay una preocupación excesiva por esto escurridizo que es el sentido. "Te amo" dira el enamorado a su amada y encontrara como respuesta una pregunta: ¿y porqué me amas?.   Nos preguntamos por el sentdo, el "porqué" aparece como su sempiterno acompañante en la danza del cuestionamiento. Recuerdo una presentación del conjunto comico-musical Les Luthiers (La Gallinita dijo Eureka) en la que se representa en una canción lo insistente que es el porqué y lo que sucede cuando se le busca por cada recoveco: termina nuevamente perdierdose en lo inalcanzable como la anecdota de Aquiles y la Tortuga. Así, ante la vista del cuerpo que cuelga por el cuello se ha de buscar siempre la nota, se busca un significante que instaure un velo alrededor del cadaver, del real sin sentido....