miércoles, 7 de agosto de 2013

En psicoanálisis  existe una concepción del síntoma distinto a lo que podríamos llamar la sintomatología clásica de la medicina. Es decir, uno acude al medico cuando los órganos hacen acto de presencia, o ¿es que acaso uno siente a su estomago, a sus pulmones? ¿o nos preocupamos cada minuto de nuestra vida por los riñones? Allí están, en su silencio al que llaman salud. Y uno habla al medico de lo que seria su sentir acerca del órgano, pone en palabras la dolencia del cuerpo. El medico, acompañado de su saber y de acuerdo a la geografía corporal que acompaña el relato del síntoma, ubica el conjunto de malestares en una enfermedad clasificada en torno a tales manifestaciones vivenciadas como dolorosas. El cuerpo aparece así fragmentado en zonas bien definidas, fronteras imaginarias que no escapan a la subjetividad.

El síntoma en psicoanálisis es un acompañante en el camino. Un acompañante que en un momento imprevisto (pero lógico) se presenta como molesto. Y se supone que el especialista en la subjetividad representado por cualquier afiliado al prefijo psi se encargaría de eliminar tal dolencia/malestar que es este acompañante. Pensamiento cercano al del medico. Acallar el síntoma, no saber nada mas de él. Que desaparezca para jamas volver. Regresarlo al silencio.

La insensatez del psicoanálisis es justamente lo contrario. Hacer hablar al síntoma. Que el paciente relate su dolencia hasta el punto en el que esta "incomodidad" revele su propia verdad en tanto ser que habla. No curamos el síntoma, mas bien, lo consideramos como lo que logra anudar de forma borromea los nudos del sujeto: real, simbólico, imaginario. El síntoma es el ultimo sostén del sujeto. La vara que impide la caída profunda...

jueves, 18 de julio de 2013

De la fenomenología del desfile

El ser humano es realmente un ser curioso y de gustos muy variados. Puede disfrutar de la simple y llana emoción de la lectura de un libro y/o de una visita a un balneario a remojarse y nadar en las aguas. Recuerdo una anécdota en la que saliendo con los amigos justamente a una alberca uno de ellos hacia un comentario: "es tan divertido ver como con algo tan simple como el meterse al agua es tan emocionante; ha de ser alguna reminiscencia de un pasado remoto en que nuestros ancestros se regocijaban alrededor de una laguna, etc". Gustos sencillos que apenas se puede ser consciente de ellos. No estoy muy seguro de porque recordé esta anécdota mientras comenzaba este escrito, pero espero que mientras vaya escribiendo se me ocurra algo.

Titule este pequeño escrito "De la fenomenología del desfile" por una razón simple, recién pasa por encima de mi ventana el desfile de las mariposas, tradición en el municipio en donde vivo en el cual se pasean sonrientes los pequeños de diferentes escuelas vestidos de mariposas, como una forma de formar conciencia acerca de esos insectos que pasaran por estas tierras en su migración anual. Vemos automóviles decorados con motivos de este peculiar insecto incansable. Es un ser vivo interesante, la mariposa monarca. Su nombre científico es Danaus plexippus, cuya traducción al mortal cualquiera vendría de cierto rey mitológico, o, que hace referencia a "un griego que doma caballos o "auriga griega". El auriga, según las distribuciones sociales de la antigua Grecia, es el esclavo que debía conducir la biga, especie de carruaje generalmente usado por comandantes militares. Puesto de vital importancia, ya que la seguridad del amo era responsabilidad del auriga al conducir, por lo que era cuidadosamente seleccionado de entre sus esclavos. Sin embargo, existe otra teoría acerca de la función del auriga. Se dice que era aquel esclavo que sostenía la corona de laurel durante las competencias romanas, susurrando al campeón de forma repetida: "Recuerda que eres solamente un hombre"; esto para evitar que la celebración llevase al comandante a enorgullecerse demasiado. No ahondare en las relaciones del amo y el esclavo, ya esta en Hegel y en Lacan. Incluso la misma idea del jinete y los caballos esta en Freud en su forma de explicitar los vasallajes del Yo en su relacion con el Ello, el Superyo y el principio de realidad. El esclavo como sostén del amo, solo eres un hombre, etc etc. Esta ya lo suficientemente hablado y no tengo nada mas que decir sobre esto. Me parece interesante el ir hasta donde se pueda llegar con las palabras, esos maravillosos limites que te llevan de un lado hacia el otro, de un otro al Otro. Sigamos con las mariposas y sus desfiles.

Ellas realizan una migración anual desde Canadá hasta México. Aun se investiga como es que  varias generaciones de mariposas son capaces de volver a los mismos sitios de hibernación. Los patrones de vuelo son heredados, una mezcla entre ritmos circadianos y la posición del sol. No hay escuela de mariposas en las que se les enseñe estas cosas. Lo saben. Una impetuosa necesidad de hacerlo. Así es el goce sin el significante. Sin sentido...Pienso ahora, y corro para no equivocarme, a la conferencia dictada por Jacques Alain Miller en el cierre del Congreso de la AMP en 2012, El orden simbolico en el siglo XXI, en donde presento lo que sera tema del proximo congreso, en donde dice lo siguiente:

"(...) Antaño lo real se llamaba la naturaleza. La naturaleza era el nombre de lo real cuando no había desorden en lo real. Cuando la naturaleza era el nombre de lo real, se podía decir, como lo hizo Lacan, que lo real siempre vuelve al mismo lugar. Solamente en esa época en la cual lo real se disfrazaba de naturaleza, lo real parecía la manifestación mas evidente y más elevada del concepto mismo del orden."

Creo que por ahora esto podría servir de introducción y una apertura al pensamiento....

miércoles, 22 de mayo de 2013

"De sueños"

Quien haya alguna vez recorrido en sus reflexiones las vías del alma humana, se ha de encontrar necesariamente con la fenomenología del sueño. Y no del sueño como esa necesidad fisiológica, del descanso de las funciones cerebrales (algunas, hoy sabemos que aun en reposo, el cerebro aun esta trabajando). Tampoco del sueño que en ocasiones nos da al escuchar algún relato aburrido o sermón extenuante. Mucho menos de esos sueños que se persiguen, como si los sueños pudieran alcanzarse. Puede que hable de esto mas adelante. Los sueños por los cuales se lucha en aras de su cumplimiento.De lo que tratare de encargarme es mas bien de ese fenómeno del sueño en psicoanálisis  Tentativa que resulta hasta cierto punto pleonasmica, si se me permite,  pues se ha trabajado mucho este concepto de la teoría y practica analítica.  Es por todos conocido que una de las obras fundacionales del psicoanálisis es precisamente La Interpretación de los Sueños por parte de Sigmund Freud en el año de 1900, iniciando un siglo que vería sus propios sueños (y pesadillas) volverse realidad. Con Freud, sabemos que el sueño tendría un mensaje presto a ser interpretado por el analizante dentro del contexto de la sesión analítica mediante la asociación libre del discurso y las puntuaciones del analista. Un mensaje que revelaría la verdad inconsciente a la manera de cumplimiento de deseo. Ejemplo clásico el de la niña a la que se le ha negado el pastel, en sus suenos se ve a si misma devorando uno de esos pasteles. Así  el sueño entra en la categoría de las formaciones del inconsciente, con justo lugar en compañía de los lapsus, olvidos, chistes, etc; mismos cuya dinámica tiene su razón en tales mociones reprimidas y que darían pie a la investigación freudiana de la neurosis, especialmente de la histeria. 

Luego de este pequeño recordatorio, me remito a mis propias elaboraciones. Cuando comienzo a esbozar lo que sera tema de mi escritura, sea cual sea momento, siempre me dirijo en primera instancia al Diccionario de la Real Lengua Española. Al leer acerca de aquel termino que me remueve el pensamiento encuentro no pocas veces inesperadas sorpresas que elevan mi interés por tal concepto, y me da a su vez nuevas ideas que no se me habían ocurrido antes. Caso clásico del movimiento del significante, que representa al sujeto ante otro significante, según el primer Lacan. Esa palabra que remite a la otra, que a su vez remite a otra en interminables giros por el agujero del lenguaje. Para el significante Sueño nuestro Diccionario dice lo siguiente:

Sueño (del lat. somnus): 1. m. Acto de dormir. 2. m. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes. 3. m. Estos mismos sucesos o imágenes que se representan. 4. m. Ganas de dormir. 5. m. Cierto baile licencioso del siglo XVIII. 6. M. Cosa que carece de realidad o fundamento y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse. 
Solo como mención, he de decir que la definición que mas me intereso fue la numero cinco, y he de confesar también que no encontré referencias acerca de ese baile licencioso del siglo XVIII. Si algún lector de este ensayo puede remitirme algo se lo agradecería mucho. La primera aportación del diccionario nos indica sin mas el acto del dormir. Y soñador seria aquel que sueña mucho; aquel que cuenta patrañas y ensueños y les da crédito fácilmente; que discurre fantásticamente, sin tener en cuenta la realidad; definición a su vez otorgada por el mencionado Diccionario; dejando afuera el termino soñante, que se aplicaría al que sueña. También esto tendrá consecuencias mas adelante. Hasta ahora vamos bien. La segunda acepción se acerca mas a nuestro objeto de estudio desde el psicoanálisis. Nos habla justamente de la representación (mientras se duerme) de eventos, escenas, imágenes, etc, etc. Lo interesante, y que lector puede también notar, es la implicación del propio soñante en el acto de representar-se en la fantasía. Primer punto de capitonado. La implicación del ser en el sueño. ¿Se es cuando se sueña? Todos conocemos esa ominosa situación en la que nos vemos nosotros mismos implicados dentro de la trama (drama) del sueño cual actores de una bizarra producción. Expresiones tales como: era yo, pero a la vez me parecía a tal, pero con detalles de... obtenidos de relatos de pacientes, amigos, sujetos y que están suficientemente explicitados en la obra freudiana como desplazamientos y condensaciones inconscientes nos permiten vislumbrar la particularidad del sueño en el ser. Lo dijimos al principio, y llegamos a la misma conclusión lacaniana, el significante es lo que representa al sujeto para otro significante. El sueño seria entonces un significante, representante del sujeto ante el Otro. De allí se sostiene que solo el sueño que se pone en palabras, aquel que se cuenta, es el que se interpreta. Y no se interpreta el sueño, se interpreta al sujeto en tanto portador del sueño y en tanto que es hablado por el. Ambigüedad necesaria cuando se habla del sujeto del inconsciente, ese que sujeto que cuenta patrañas.