Cuando uno es psicólogo, es muy común que las personas cercanas se dirijan hacia ti con preguntas, con dudas, buscando consejos acerca de lo que les acontece en su vivir diario. Y esto aumenta en situaciones sociales como son las fiestas, reuniones, etc en las que el rumor de que hay un psicólogo en la proximidad se esparce como un rápido y mortal virus que hace que las personas asistentes al evento intercambien miradas y comentarios acerca de esta persona que ahora se ha convertido en un observador permanente del decir y del comportamiento, una especie de intruso que surge como el gran juez y evaluador. Surgen desafíos: ¿si hago esto, que significa? ¿si no me gusta hacer esto, o aquello? Traductor incansable del pathos humano. También el psicólogo es el decodificador infalible de los actos; descifrador del sentido así llamado oculto del aconte-ser en el mundo. De igual forma, es el oráculo de Delfos en situaciones de enamoramientos, de desencantos, de predicciones a la manera de adivino del porvenir. Y no olvidemos el papel de inspector y de espía, siguiendo los pasos de lo dicho, de lo no dicho, de lo que debió ser dicho o de lo que no debió ser dicho. Es el defensor último de la víctima, receptáculo de las quejas acerca de lo maldito y desgraciado que es el Otro. Eso Otro que hace demasiado caso o que de plano es indiferente.
Es en este nuevo contexto en que operamos quienes tenemos el atrevido deseo de ser suscitadores del deseo. Feliz día, colegas.