Quien haya alguna vez recorrido en sus reflexiones las vías del alma humana, se ha de encontrar necesariamente con la fenomenología del sueño. Y no del sueño como esa necesidad fisiológica, del descanso de las funciones cerebrales (algunas, hoy sabemos que aun en reposo, el cerebro aun esta trabajando). Tampoco del sueño que en ocasiones nos da al escuchar algún relato aburrido o sermón extenuante. Mucho menos de esos sueños que se persiguen, como si los sueños pudieran alcanzarse. Puede que hable de esto mas adelante. Los sueños por los cuales se lucha en aras de su cumplimiento.De lo que tratare de encargarme es mas bien de ese fenómeno del sueño en psicoanálisis Tentativa que resulta hasta cierto punto pleonasmica, si se me permite, pues se ha trabajado mucho este concepto de la teoría y practica analítica. Es por todos conocido que una de las obras fundacionales del psicoanálisis es precisamente La Interpretación de los Sueños por parte de Sigmund Freud en el año de 1900, iniciando un siglo que vería sus propios sueños (y pesadillas) volverse realidad. Con Freud, sabemos que el sueño tendría un mensaje presto a ser interpretado por el analizante dentro del contexto de la sesión analítica mediante la asociación libre del discurso y las puntuaciones del analista. Un mensaje que revelaría la verdad inconsciente a la manera de cumplimiento de deseo. Ejemplo clásico el de la niña a la que se le ha negado el pastel, en sus suenos se ve a si misma devorando uno de esos pasteles. Así el sueño entra en la categoría de las formaciones del inconsciente, con justo lugar en compañía de los lapsus, olvidos, chistes, etc; mismos cuya dinámica tiene su razón en tales mociones reprimidas y que darían pie a la investigación freudiana de la neurosis, especialmente de la histeria.
Luego de este pequeño recordatorio, me remito a mis propias elaboraciones. Cuando comienzo a esbozar lo que sera tema de mi escritura, sea cual sea momento, siempre me dirijo en primera instancia al Diccionario de la Real Lengua Española. Al leer acerca de aquel termino que me remueve el pensamiento encuentro no pocas veces inesperadas sorpresas que elevan mi interés por tal concepto, y me da a su vez nuevas ideas que no se me habían ocurrido antes. Caso clásico del movimiento del significante, que representa al sujeto ante otro significante, según el primer Lacan. Esa palabra que remite a la otra, que a su vez remite a otra en interminables giros por el agujero del lenguaje. Para el significante Sueño nuestro Diccionario dice lo siguiente:
Sueño (del lat. somnus): 1. m. Acto de dormir. 2. m. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes. 3. m. Estos mismos sucesos o imágenes que se representan. 4. m. Ganas de dormir. 5. m. Cierto baile licencioso del siglo XVIII. 6. M. Cosa que carece de realidad o fundamento y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse.Solo como mención, he de decir que la definición que mas me intereso fue la numero cinco, y he de confesar también que no encontré referencias acerca de ese baile licencioso del siglo XVIII. Si algún lector de este ensayo puede remitirme algo se lo agradecería mucho. La primera aportación del diccionario nos indica sin mas el acto del dormir. Y soñador seria aquel que sueña mucho; aquel que cuenta patrañas y ensueños y les da crédito fácilmente; que discurre fantásticamente, sin tener en cuenta la realidad; definición a su vez otorgada por el mencionado Diccionario; dejando afuera el termino soñante, que se aplicaría al que sueña. También esto tendrá consecuencias mas adelante. Hasta ahora vamos bien. La segunda acepción se acerca mas a nuestro objeto de estudio desde el psicoanálisis. Nos habla justamente de la representación (mientras se duerme) de eventos, escenas, imágenes, etc, etc. Lo interesante, y que lector puede también notar, es la implicación del propio soñante en el acto de representar-se en la fantasía. Primer punto de capitonado. La implicación del ser en el sueño. ¿Se es cuando se sueña? Todos conocemos esa ominosa situación en la que nos vemos nosotros mismos implicados dentro de la trama (drama) del sueño cual actores de una bizarra producción. Expresiones tales como: era yo, pero a la vez me parecía a tal, pero con detalles de... obtenidos de relatos de pacientes, amigos, sujetos y que están suficientemente explicitados en la obra freudiana como desplazamientos y condensaciones inconscientes nos permiten vislumbrar la particularidad del sueño en el ser. Lo dijimos al principio, y llegamos a la misma conclusión lacaniana, el significante es lo que representa al sujeto para otro significante. El sueño seria entonces un significante, representante del sujeto ante el Otro. De allí se sostiene que solo el sueño que se pone en palabras, aquel que se cuenta, es el que se interpreta. Y no se interpreta el sueño, se interpreta al sujeto en tanto portador del sueño y en tanto que es hablado por el. Ambigüedad necesaria cuando se habla del sujeto del inconsciente, ese que sujeto que cuenta patrañas.
muy interesante, muy bien relatado. ¡Salu2!
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