jueves, 27 de febrero de 2014

Reflexiones sobre el amor (inédito)


Y es que no importa que digan/ que esta trillado/ hablar de amor que maldigan/ si no han probado/ la noche en sus brazos de sol…Así canta el trovador siguiendo la línea que ya habíamos descrito: hablar de amor esta trillado; pero que goce hay en su repetición, que mayor tontería que volver a decir lo mismo aunque no se haya dicho nada. Es por el amor que existimos, y como dicta la filosofía budista, la existencia conlleva sufrimiento. Esto nos lleva a una tesis manejada en el anterior escrito, el amor es sufrimiento. El mejor de ellos.

¿Qué pasa cuando nuestra demanda es escuchada? El caso en el cual la declaración lleva a la formación de una pareja, en el feliz caso de que el otro al cual se dirige nuestro amor ha aceptado ser el acompañante de esa travesía increíble que del amor surge, ese momento en que siguiendo el mito de Platón sobre los seres divididos que condenados a buscar su otra mitad encuentran en su búsqueda y dichoso hallazgo la completud de su existencia.

Platón; en uno de sus famosos diálogos titulado (o más bien mejor conocido como) El Banquete, el cual quizá sea una de los mejores registros que tenemos de antiguo en temas referentes al que nos ocupa;  pone en labios de Aristófanes el siguiente mito para explicar el amor: Hubo un tiempo en que la tierra estaba habitada por seres esféricos con dos caras, cuatro piernas y cuatro brazos. La arrogancia de estos seres provoco la ira de Zeus quien para someterlos los dividió con su rayo, convirtiéndolos en seres incompletos y condenándolos a anhelar siempre la mitad perdida. ¿No definen estos seres esféricos con sus partes dobles la clásica imagen del narcisista (el que se ama a sí mismo en la más simple de las explicaciones) que se mira ante el espejo y con cuyo reflejo se identifica en un vaivén circular de imagen-cuerpo completos?  ¿Qué pasa entonces con  el sujeto dividido, el escindido, al que algo le falta, ese que anhela aquello que tuvo y que ha perdido, condenado a la búsqueda de esa “media naranja” que lo complete, que lo llene en todos sus aspectos? Cualquier parecido con el mito, ¿es pura coincidencia…?

Hablando sobre el carácter “apasionado” del amor, me gustaría retomar nuevamente a Zizek en lo siguiente. El se plantea una pregunta sobre lo terriblemente violento en manifestar abiertamente pasión por y hacia otro ser humano. Hay que entender la pasión no como nos la presentan las telenovelas baratas, en donde solo nos muestran dos cuerpos sudorosos retorciéndose ante la cámara en una pseudo representación del amor apasionado, donde lo único que logran es desvirtuar el carácter sublime de la pasión por otro ser humano. La pasión será algo que se sufre, que se adolece, algo que es vivenciando; de carácter del sentí-miento que dijimos que parte del engaño, un engaño que perturba al ser. Engaño que se sufre, engaño imaginario como se dijo en el primer apartado.

Siguiendo esta línea sobre el carácter violento de amor, tomo nuevamente a Zizek: ¿No es obvio que haya algo terriblemente violento en manifestar abiertamente pasión por y hacia otro ser humano? Por definición, la palabra hace a su objeto, e incluso si su destinatario acepta complacido ocupar ese lugar, no podrá evitar tener que pasar por momentos de conmoción y sorpresa.  Zizek se plantea este pregunta acerca del carácter que podría ser llamado violento y hasta porque no, intrusivo. El involucrarse en la vida de otro ser humano, conocer sus gustos y disgustos, su entera existencia y vida, sus hobbies, etc. ¿No es esto lo mismo que ocurre con el interrogador que a la luz tenue de una lámpara obliga al interrogado a que reluzca su verdad? Es por eso que menciona que aunque la respuesta a la declaración sea afirmativa (y esto ya lo dije en otro lugar) no se puede evitar pasar por momentos de conmoción y sorpresa, como un ataque que esperamos mas nunca sabemos con certeza cuando llegara. Ataque a la individualidad de la persona, duda e incertidumbre acerca de lo que soy a los ojos del otro, ese otro que dirige su palabra y mirada hacia mí; más bien, a eso más allá de mí que causa deseo.

Otra característica de esta segunda etapa, es el de la exaltación del otro. “Eres la mujer más hermosa del mundo”, “Tus ojos con como lagos profundos en los cuales sería un placer ahogarse”, “Tus labios son reflejos y tus dientes azúcar y es perfume su aliento”; todo esto producción que señala la perfección del otro, no hay ojos para nadie más, nadie más vale la pena. Ejemplo de esto es el amor cortes que existió (al parecer aun queda un poco) en la edad media en boca de los caballeros y de los trovadores: las hazañas del caballero, así como los cantos del artista iban dirigidos solo a los ojos y oídos de la amada colocada en un pedestal inaccesible (ya hablaremos de esto más adelante). No hay lugar para el error, puesto que estoy reflejado en ese otro por el que vale la pena la existencia, que conlleva sufrimiento y por el que lo vale. A veces me cuestiono sobre la existencia de personas que teniendo el amor en sus manos, lo desperdician o no le dan el valor que debiera merecer, que no aprecian lo que la vida les ha dado. Tienen una persona maravillosa a su lado y prefieren devaluarlo o no le dan la importancia que tiene. Será tema en otro momento. Quisiera terminar con esta frase mencionada por un profesor y que dará pie a una continuación: “El objeto de amor no es en serie, es vivenciado como irrepetible”.



1 comentario:

  1. juan yo gozó del amor, el mejor det lous sufrimientos como dices ¿eso de gozar lo sufrido? ¿masoquismo?

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