Y
es que no importa que
digan/ que esta trillado/ hablar de amor que maldigan/ si no han probado/ la
noche en sus brazos de sol…Así canta el trovador siguiendo la línea que ya
habíamos descrito: hablar de amor esta trillado; pero que goce hay en su
repetición, que mayor tontería que volver a decir lo mismo aunque no se haya
dicho nada. Es por el amor que existimos, y como dicta la filosofía budista, la
existencia conlleva sufrimiento. Esto nos lleva a una tesis manejada en el
anterior escrito, el amor es sufrimiento. El mejor de ellos.
¿Qué pasa cuando nuestra
demanda es escuchada? El caso en el cual la declaración lleva a la formación de
una pareja, en el feliz caso de que el otro al cual se dirige nuestro amor ha
aceptado ser el acompañante de esa travesía increíble que del amor surge, ese
momento en que siguiendo el mito de Platón sobre los seres divididos que
condenados a buscar su otra mitad encuentran en su búsqueda y dichoso hallazgo
la completud de su existencia.
Platón; en uno de sus
famosos diálogos titulado (o más bien mejor conocido como) El Banquete, el cual quizá sea una de los mejores registros que
tenemos de antiguo en temas referentes al que nos ocupa; pone en labios de
Aristófanes el siguiente mito para explicar el amor: Hubo un tiempo en que la
tierra estaba habitada por seres esféricos con dos caras, cuatro piernas y
cuatro brazos. La arrogancia de estos seres provoco la ira de Zeus quien para
someterlos los dividió con su rayo, convirtiéndolos en seres incompletos y
condenándolos a anhelar siempre la mitad perdida. ¿No definen estos seres
esféricos con sus partes dobles la clásica imagen del narcisista (el que se ama
a sí mismo en la más simple de las explicaciones) que se mira ante el espejo y
con cuyo reflejo se identifica en un vaivén circular de imagen-cuerpo
completos? ¿Qué pasa entonces con el sujeto dividido, el escindido, al que algo
le falta, ese que anhela aquello que tuvo y que ha perdido, condenado a la
búsqueda de esa “media naranja” que lo complete, que lo llene en todos sus
aspectos? Cualquier parecido con el mito, ¿es pura coincidencia…?
Hablando sobre el carácter
“apasionado” del amor, me gustaría retomar nuevamente a Zizek en lo siguiente.
El se plantea una pregunta sobre lo terriblemente violento en manifestar
abiertamente pasión por y hacia otro ser humano. Hay que entender la pasión no
como nos la presentan las telenovelas baratas, en donde solo nos muestran dos
cuerpos sudorosos retorciéndose ante la cámara en una pseudo representación del
amor apasionado, donde lo único que logran es desvirtuar el carácter sublime de
la pasión por otro ser humano. La pasión será algo que se sufre, que
se adolece, algo que es vivenciando; de carácter del sentí-miento que dijimos
que parte del engaño, un engaño que perturba al ser. Engaño que se sufre,
engaño imaginario como se dijo en el primer apartado.
Siguiendo esta línea sobre
el carácter violento de amor, tomo nuevamente a Zizek: ¿No es obvio que haya algo terriblemente violento en manifestar
abiertamente pasión por y hacia otro ser humano? Por definición, la palabra
hace a su objeto, e incluso si su destinatario acepta complacido ocupar ese
lugar, no podrá evitar tener que pasar por momentos de conmoción y sorpresa. Zizek se plantea este
pregunta acerca del carácter que podría ser llamado violento y hasta porque no,
intrusivo. El involucrarse en la vida de otro ser humano, conocer sus gustos y
disgustos, su entera existencia y vida, sus hobbies, etc. ¿No es esto lo mismo
que ocurre con el interrogador que a la luz tenue de una lámpara obliga al
interrogado a que reluzca su verdad? Es por eso que menciona que aunque la
respuesta a la declaración sea afirmativa (y esto ya lo dije en otro lugar) no
se puede evitar pasar por momentos de conmoción y sorpresa, como un ataque que
esperamos mas nunca sabemos con certeza cuando llegara. Ataque a la
individualidad de la persona, duda e incertidumbre acerca de lo que soy a los
ojos del otro, ese otro que dirige su palabra y mirada hacia mí; más bien, a
eso más allá de mí que causa deseo.
Otra característica de esta
segunda etapa, es el de la exaltación del otro. “Eres la mujer más hermosa del mundo”, “Tus ojos con como lagos
profundos en los cuales sería un placer ahogarse”, “Tus labios son reflejos y
tus dientes azúcar y es perfume su aliento”; todo esto producción que
señala la perfección del otro, no hay ojos para nadie más, nadie más vale la
pena. Ejemplo de esto es el amor cortes que existió (al parecer aun queda un
poco) en la edad media en boca de los caballeros y de los trovadores: las
hazañas del caballero, así como los cantos del artista iban dirigidos solo a
los ojos y oídos de la amada colocada en un pedestal inaccesible (ya hablaremos
de esto más adelante). No hay lugar para el error, puesto que estoy reflejado
en ese otro por el que vale la pena la existencia, que conlleva sufrimiento y
por el que lo vale. A veces me cuestiono sobre la existencia de personas que
teniendo el amor en sus manos, lo desperdician o no le dan el valor que debiera
merecer, que no aprecian lo que la vida les ha dado. Tienen una persona
maravillosa a su lado y prefieren devaluarlo o no le dan la importancia que
tiene. Será tema en otro momento. Quisiera terminar con esta frase mencionada
por un profesor y que dará pie a una continuación: “El objeto de amor no es en
serie, es vivenciado como irrepetible”.
juan yo gozó del amor, el mejor det lous sufrimientos como dices ¿eso de gozar lo sufrido? ¿masoquismo?
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