Quienes por alguna razón (o sin ella) nos encontramos con particular interés en la praxis del psicoanálisis, pronto descubrimos un hecho común, uno que marco el inicio de la invención freudiana: la experiencia analítica parte con la palabra. Cualquier palabra. La única indicación directa que un analista le hace a quien inicia un recorrido (no lo hay mas que de a uno por uno) analítico es que diga todo lo que le venga a la mente. Y, agregamos, tal palabra no ha de refrenarse por motivos de vergüenza, pena, molestia, enojo, y un largo etc. La llamada regla fundamental.
¿De donde la insistencia del analista de solicitar la palabra del analizante? El campo del lenguaje, dirá Braunstein, es el embudo/diafragma por donde se cuela el goce. Palabra incluso que en su ausencia significa. El silencio es parte importante de la así llamada cura analítica. ¿Qué cura el psicoanalisis? ¿Será el sufrimiento o el malestar cuando la propia experiencia indica que son estructurantes para el sujeto? Aquí clínica y ética tocaran sus compases. Pues si algo puede brindar un psicoanalisis es un posicionamiento frente al goce, frente a eso en mí que es más (o menos) que mí mismo. No una eliminación del sintoma, eso lo dejamos al médico; el síntoma se integraría a la vida psíquica del analizante no como ajeno, sino como propio.
Es ella (la palabra) y a través de ella que un psicoanalisis puede llevarse a cabo. ¿Las relaciones del goce y la palabra? Esa sera una de las principales problemáticas que la enseñanza de Lacan tratara de buscar solución, y que el practicante, desde la soledad de su ejercicio, trasladara al analizante. Que problematize su palabra. Que en el error, en el lapsus, en la traspíe de su discurso reside un saber a cuyo contenido es posible acceder mediante el dispositivo que el análisis permite. Una praxis que no es como las demás. Que hay un más allá del Yo, sostén imaginario. Que eso que angustia no miente. Y que la palabra, aún mentirosa, tiene al menos algo de verdad...
lunes, 15 de enero de 2018
miércoles, 20 de diciembre de 2017
Futuros...
En el contexto mexicano actual tenemos como parte de la discusión preponderante del momento la propuesta del Senado de la República de crear una ley llamada "de Seguridad Interior" con el fin de que el Estado pueda desplegar a las fuerzas armadas en caso de que este considere que existan: "amenazas a la seguridad interior (o) cuando estás comprometan las capacidades de las autoridades , y cuando haya amenazas originadas por la falta o insuficiente colaboración de las entidades y municipios en la preservación de la seguridad nacional". Por otro lado, en un contexto mas bien mundial, se nos da a conocer la noticia de que un grupo de científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford han logrado identificar y cito directo del artículo noticioso: "un patrón característico de actividad eléctrica, que ocurre sólo uno o dos segundos antes de un comportamiento impulsivo. De acuerdo a los investigadores, los hallazgos de este estudio podrían servir de fundamento para diseñar una alternativa de tratamiento orientada a controlar estallidos compulsivos potencialmente peligrosos." y agrega: "los hallazgos del estudio (...) pueden prevenir acciones impulsivas y, a veces, potencialmente mortales, en personas de alto riesgo, para quienes todas las terapias no invasivas han fallado".
Ambas noticias comparten un núcleo común: existe "algo" (impulsos potencialmente peligrosos y/o amenazas a la seguridad pública) que habría que impedir antes de que ocurra (caos y desorden público; obesidad, ludopatías, y un largo etc.) y ante lo cual se propone desde el Poder (político, científico) su "preventiva" represión. La referencia a Minority Report de Steven Spielberg, basada en la obra de Philip K. Dick, pelicula en la cual nos cuentan sobre 3 humanos que mediante cierta predisposición y algunos experimentos cientificos consiguen vislumbrar el futuro, en especial en lo que respecta a crímenes, riesgos u actos de violencia, creándose alrededor de ellos una fuerza policíaca que responde a dichos eventos antes de que sucedan. Hoy, lo que nos horroriza no es el pasado, superado, olvidado, reprimido, evadido; tampoco el presente, la multiplicación de los goces (se feliz, vive el momento, sal, viaja, no te comprometas, etc etc) nos mantiene bastante ocupados; es el futuro y la incertidumbre de su potencialidad lo que hay que mantener bajo control, la prevención es ya un imperativo categórico de la posmodernidad. Lo interesante es que solo una de las dos noticias ha recibido atención negativa, mientras que la otra se le recibe con entusiasmo y alegría, queda a elección del lector su discernimiento...
miércoles, 2 de agosto de 2017
"¡Mis tablillas, pronto, mis tablillas!
Es el momento de escribirlas"
Una de las primeras grandes obras literarias de las que tuve oportunidad de encontrar en la pequeña biblioteca comunitaria de mi domicilio infantil fue "Dracula" de Bram Stocker. Era una versión ilustrada, por lo que cada cierto numero de paginas encontrabas el apoyo imaginario a la letra. La forma en la que fue escrita esta novela, a manera de relatos cortos desde el punto de vista de los protagonistas mientras iban dejando registro en diarios, recortes de periódicos, notas, telegramas, cartas, grabaciones, etc, me permitió adentrarme en la historia (lo describo de manera particular a mi experiencia) como lo haría quizá un historiador ante diferentes fuentes que hablan de un mismo evento.
¿Que es la vida si no un relato, un cuento, con sus protagonistas, aventuras, desventuras, comedias, tragedias? Seres relatados. Relatives; emparentados. Enlazados. Anudados. En el mejor de los casos, cuando uno es incauto. Cada uno y su invención particular, su síntoma. Su filosofía para abordar esa historia/hystoria.
Es la escritura la condena de la palabra, condena a la inmortalidad, tan ligeras que las lleva el viento. La palabra, muerte de la Cosa. Pequeñas muertes cotidianas al hablar.
Pido las tablillas, como Hamlet citado por Harker y ante la amenaza de la locura en su encierro por el Conde. El peligro del encierro, del ensimismarse, esa es la verdadera prisión. La escritura, como las otras artes, el hacer, mas que el saber, permitirá la interacción, la dicción hacia el otro. El síntoma, el fantasma, nos permite ingresar a Matrix. ¿Eliminamos el síntoma? ¿Atravesamos el fantasma? Sera labor del analizante; y el analista, el Virgilio , el guía de las profundidades, averiguarlo.
Es la escritura la condena de la palabra, condena a la inmortalidad, tan ligeras que las lleva el viento. La palabra, muerte de la Cosa. Pequeñas muertes cotidianas al hablar.
Pido las tablillas, como Hamlet citado por Harker y ante la amenaza de la locura en su encierro por el Conde. El peligro del encierro, del ensimismarse, esa es la verdadera prisión. La escritura, como las otras artes, el hacer, mas que el saber, permitirá la interacción, la dicción hacia el otro. El síntoma, el fantasma, nos permite ingresar a Matrix. ¿Eliminamos el síntoma? ¿Atravesamos el fantasma? Sera labor del analizante; y el analista, el Virgilio , el guía de las profundidades, averiguarlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)