Es cierto que el significante “pragmático” se ha ido popularizando en diferentes ámbitos. Lo útil, lo verdaderamente útil, es aquello que sobrevive. De acuerdo a Rorty, el pragmatismo considera que el concepto de utilidad se enmarca en la idea de que una cosa, una acción, es útil si sirve para crear un futuro mejor, donde la idea de lo mejor implica aquello que se vincule más a lo que cada cual considera bueno y menos al que considera malo. Siguiendo a Zack (2008), la orientación pragmática se trata de ubicar en lo inmediato de su acción, la búsqueda de una eficacia rápida en la búsqueda de su objetivo, volviéndose el significante pragmatismo sinónimo de eficacia. Es notable destacar que cualquier parecido con los objetivos de los modelos cognitivo-conductuales (ellos como la forma de psicoterapia mejor calificada por sus resultados científicos) NO es pura coincidencia. “Podemos curar, y curar rápido”, así es como Miller llama la atención acerca de los postulados de estos modelos. Suprimir el síntoma, causante del sufrimiento, de ansiedad, de trastornos bipolares de personalidad; de enumerar las señales malditas de alguna enfermedad mental: “Si usted (si, ¡se lo digo a usted!) sufre de algunas de los siguientes….entonces usted tiene…”; buscando la adaptación, la adecuación del sujeto para que logre una relación satisfactoria con la realidad que nos ofrece el ideal del amo moderno. Con soluciones esquematizadas, en un claro intento de emplear estos criterios generales en situaciones particulares.
¿Cuál es el lugar de psicoanálisis dentro de este marco, donde el registro de la imagen del mundo (si se hace una pequeña condensación de lo que J.A. Miller y Heidegger permiten articular), de las psicoterapias y de los modelos terapéuticos que siguen los ideales de la normalización estadística, en donde el sujeto se presenta como unidad contable y comparable con los otros; época de la “sociedad del miedo”, y del goce como imperativo en el cual se buscan cada vez mas nuevas formas de transgresión que nunca se encuentran, en donde la ley no opera mas, siendo la norma quien ejerce el reinado bajo la premisa del “bueno, útil, rápido, bonito y barato”? ¿Cómo podría el psicoanálisis seguir respirando cuando son muchos los medios con las cuales se busca erradicarlo y dejarlo en el lugar en donde pertenece, en el desván de objetos descartados, oscurantistas e inútiles? Y tomo el cuestionamiento que se hace Miller, ¿qué es el psicoanálisis para aparecer, al menos hoy, por el momento, como un núcleo de resistencia a dicha empresa; la de borrarlo del mapa, es decir, de que su discurso no tenga ya lugar? Intentemos esbozar algunas respuestas a estas interrogantes.
En el seminario “Pragmática y Psicoanálisis” que aparecen publicados en “Virtualia” #18, diversos autores discuten precisamente estos puntos. Seguiremos de cerca sus propuestas. Zack, propone poner en tensión el concepto de eficacia con el de eficiencia; siendo esta ultima una “manera discreta, indirecta o por añadidura, de operar a partir de transformaciones silenciosas que se van produciendo sin destacar ningún acontecimiento en particular”. El análisis opera no buscando la salud, no buscando una curación. Si la hay, se dará por añadidura. El análisis es una búsqueda en la que no se sabe muy bien lo que se busca (o si habría algo siquiera que buscar); pero si es un encuentro, un encuentro de y con la palabra y del goce inscrito en ella. Así, sigue Zack, esta perspectiva pragmática estará orientada bajo un sesgo signado por la eficiencia; sin confundir que el goce, la pulsión, siempre se presenta en oposición a cualquier idealismo que suponga que el sujeto quiere su propio bien. Un goce frente al cual cada sujeto deberá hacerse una conducta, edificar su vida a partir de esa singularidad. Un saber hacer con eso, el goce. O en palabras de Miller, nuevamente acerca del “hombre sin cualidades”, el psicoanálisis se ocupa de la clínica, del arte del uno por uno; no del uno por uno de la enumeración, sino de la restitución de lo único en su particularidad, en lo incomparable. Aquí recordamos el consejo técnico de Freud acerca de escuchar al paciente como si fuera la primera vez, dejando de lado (pero no olvidando) la experiencia adquirida, sin compararle, sin juzgarle, etc. Eso singular que es el sinthoma, en tanto que real inaccesible e imposible de descifrar.
El pragmatismo lacaniano es apuntar al goce alojado en la zona fuera de sentido en el despliegue mismo del sentido en el discurso del sujeto como una manera de refutar, in-consistir, in-demostrar los dichos del superyó, cuya orden al goce no pretende otra cosa que saturar el agujero del “no hay relación sexual”, hacer existir el Uno del Otro para asegurar su consistencia. La investigación esta justamente establecida en darle sentido a las cosas, en obturar la falta, de dar consistencia a los fenómenos de la naturaleza. Y esto se traspone al sujeto humano, sin apuntar al individuo, al que ha sido dividido. Darle la palabra al silencio del goce, ese es el trabajo del analista. El psicoanálisis compensa, es una respuesta a este real, de este empuje a gozar, un medio para sobrevivir a ello. Es el único discurso que autoriza a no gozar.
Y si, aun y despues...
Y si, aun y despues...
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