Si hay algo que me intriga es el fenomeno de la "psicologización" de la sociedad que se ha vivido en estos tiempos. Es decir, el papel de la psicología efectivamente ha cambiado. Lo que se consideraba en otros tiempos como algo exlusivamente para enfermos, locos, alienados, etc; ahora ha pasado al terreno de lo publico. Todo el mundo quiere acudir a terapia, y el no querer ir es señal de que URGE que vayas. Todo lo que le ocurra al humano puede ser explicado, medido y predicho por la psicologia moderna. Es la epoca del trauma, del riesgo permanente, todo es traumatizante. Recuerdo un comercial reciente en el que se advertia que habria que tener mucho cuidado a la hora de quitarle el pañal al niño para entrenarlo a ir al baño; ya que en esta etapa se llevaba a cabo la reafirmación de la seguridad del pequeño y el dejarlo a la merced de algun accidente podria tener serias consecuencias en la autoestima del cachorro humano. Todo el mundo es victima de algo, de una palabra, de una mirada, de una acción. Y no se diga en un estado en el cual la violencia he llegado a niveles nunca antes vistos, de "histeria colectiva", de "perdidas de la realidad", de "psicosis generalizada". La prensa misma se ha visto en la posición de otorgar diagnosticos a diestra y siniestra acompañados de musica estridente y llamativa en sus titulares; sin dejar de lado (¿como podria hacerlo?) a los comentarios siempre oportunos de los profesionales de la salud mental que presurosos arrojan igualmente diagnosticos, "interpretaciones silvestres" en nuestra lengua; argumentando infancias perdidas, yo buenos que resultan opacados por yo malos, pensamientos malos que habria que cambiar por pensamientos adecuados, conductas aprendidas que hay que desaprender, o, si nos vamos al extremo, de predisposiciones geneticas a la violencia: "No es el, son sus genes, no hay porque culparlo, solo es una victima de sus desvariados cromosomas". Es en este lugar justamente en donde la victimización encuentra su ultimo garante. Solo basta con ver algún episodio al azar de cualquier serie policiaca detectivezca del momento, cuya tematica también se ha visto modificada de acuerdo a los tiempos. Antes, el ladron cometia un crimen, se le buscaba, se le atrapaba, se le juzgaba y se le condenaba. Todo estaba bien, nos sentiamos bien, el mal ha recibido su castigo. Habia una especie de alivio al ver como se hacian las cosas. En cambio, ahora la cuestion es mas bien diferente. El ladron roba algo, se le atrapa, durante el juicio algun abogado presentaba pruebas de alguna predisposicion genetica, de algun "trastorno" o "enfermedad mental" documentada, etc etc. Se le encuentra inocente de acuerdo a estos factores y recibe tratamiento para aquello que lo aqueja pasivamente. Y si se el encuentra culpable, nos genera un sentimiento de lastima, incluso de culpa por haber deseado que lo encerraran sin saber que solo era una victima de una enfermedad. Cuando uno es psicologo, es muy comun que las personas cercanas se dirijan hacia ti con preguntas, con dudas, buscando consejos acerca de lo que les acontece en su vivir diario. Y esto aumenta en situaciones sociales como son las fiestas, reuniones, etc en las que el rumor de que hay un psicologo en la proximidad se esparce como un rapido y mortal virus que hace que las personas asistentes al evento intercambien miradas y comentarios acerca de esta persona que ahora se ha convertido en un observador permanente del decir y del comportamiento, una especie de intruso que surge como el gran juez y evaluador. Surgen desafios: ¿si hago esto, que significa? Tambien el psicologo es el traductor infalible de los actos; descifrador del sentido asi llamado oculto del aconte-ser en el mundo. De igual forma, es el oraculo de Delfos en situaciones de enamoramientos, de desencantos, de predicciones a la manera de adivino del porvenir. Y no olvidemos el papel de inspector y de espìa, siguiendo los pasos de lo dicho, de lo no dicho, de lo que debio ser dicho o de lo que no debio ser dicho. Es el defensor ultimo de la victima, receptaculo de las quejas acerca de lo maldito y desgraciado que es el Otro. Eso Otro que hace demasiado caso o que de plano es indiferente.
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