miércoles, 22 de febrero de 2012

Reflexiones sobre el amor III

El amor es un enigma. En tanto que fenómeno, es algo a la vez evidente y algo inasible. Conlleva una certeza indiscutible, al igual que una duda infinita. Es una pregunta y una incertidumbre. ¿Qué te distingue a ti sobre los demás?, ¿Por qué me quieres, porque yo, que acaso soy diferente? Dice Zizek que el amor es el “termino enigmático” por excelencia, haciendo referencia a ese factor X desconocido, al “no sé qué” que me hace enamorarme. Te amo a ti, pero hay algo que esta mas allá de ti misma, algo incognoscible, que permanece velado. Es decir, hay algo en ti que no alcanzo a nombrar. Es más, desde el momento en que puedo enumerar las razones por las cuales te amo, tus características que me hicieron que me enamorara o esos “detalles” que busco en ti, puedes estar segura que esto no es amor. Esto pertenecería a amarme en el otro, cual Narciso ante el espejo del lago, quien enamorado de su reflejo, queda convertido en la flor que lleva su nombre. Es muy común encontrarse con la pregunta ¿Por qué me quieres? La respuesta más honesta seria “no lo sé”, pues justamente el hecho de no saber el porqué es que puedo amarte. Más bien, habría que completar este “no lo sé” con un “pero lo sé…” No hay lugar aquí para la razón o el pensamiento. Esto en contraste con las actuales concepciones de la bioquímica cerebral que proponen la liberación de ciertos neurotransmisores que serian los causantes de reacciones en el cerebro que nosotros, mundanos ignorantes de la ciencia, simples ingenuos de la causalidad fisiológica confundimos con el amor. Personalmente prefiero la ignorancia. La eterna cuestión que me hace estar ahí, que nos con-funde; como diría el poeta: “no es posible amar a lo que se conoce por completo. El amor se dirige a lo que está oculto en su objeto”. Sin embargo, esto oculto pide su nombramiento, se le interroga al amor constantemente. Hay que amar, si, pero de igual forma hay que decirlo (y demostrarlo en ocasiones).

Algo es seguro, nunca se está seguro en temas de amor. Apenas se cree que se va por el camino correcto, vemos que en realidad estamos dando vueltas en círculos. No hay mapa, ni brújula para el recorrido. Las pruebas son engañosas y las pistas suelen perdernos. Ya sea al momento de hablar de él, del amor, el riesgo que se corre es el de limitarse a decir cualquier cosa, las contradicciones aquí no importan; ejemplo de ello es la canción titulada “Amarte a ti”, en su letra podemos encontrar todas estas cuestiones. Incluso, cuando hablamos del amor, no se sabe que se habla y entre más se habla, menos se sabe. Heme aquí, en la ridícula tarea a la que se han dedicado miles antes que yo, a exponer su ignorancia tratando de encontrar la forma de nombrar al amor, y me he encontrado con esas contradicciones que parecen llevarse bien, acoplarse en la diferencia. ¿Y que no es esto la base de aquel principio de la física (no recuerdo cual) que de la electricidad dice que el polos iguales se rechazan y polos diferentes se atraen? ¿No es acaso este principio lo que ocurre al buscar a esa persona? Ciertamente se pueden compartir muchas cosas, pero es en la diferencia en el que uno encuentra la comunidad. No hay encuentro perfecto, no existe la pareja ideal. Lo que hay es un sujeto totalmente desconocido en su incompletud. Uno se arriesga a encontrar en el otro aquello que hará diferente su existencia. ¿Cómo saber que es la persona correcta? ¿Cómo lanzarse al vacío de la duda? ¿Cómo aventurarse al inmenso mar de la incertidumbre? Nunca se está seguro. Podemos esperar a que llegue el momento indicado, ese momento en el que todo se pondrá de nuestro lado y finalmente acceder a aquella promesa. Esto es un engaño. No hay tiempo perfecto, no hay momento indicado. Así, vemos en películas y en series de televisión la misma escena: el enamorado que planea hasta el más mínimo detalle de lo que será la declaración de amor; pero paradójicamente siempre algo sale mal e impide lo que seguramente sería algo de lo más romántico. ¿Qué no enseña esto? Que no existe mejor momento que el ahora. Lo que hay es este preciso momento, este minuto y este espacio. Que el tiempo no se ha de buscar, se hace. Que cualquier lugar es el indicado. La planeación demuestra así su falla. La hipótesis necesita de la experimentación para comprobarse; así como el amor necesita de su puesta en palabras.

“Aquel que no lucha por lo que quiera, ciertamente no merece aquello que desea…” Una frase de aquellas que uno se encuentra cuando no se las buscaba, pero que encajan en la serie de ocurrencias que vienen y van. No podría ser más cierta. El amor es una guerra, una batalla y una lucha constante en la que somos simples soldados obedeciendo órdenes que nos sobrepasan. No sabemos qué ocurrirá en el momento que salimos de la seguridad de la trinchera hacia el campo de batalla. Pero si nos quedamos en ella, en la trinchera ¿Cómo alcanzar el honor de la muerte o la gloria de la victoria? Tal vez haya momentos en los que pareciera que la lucha no vale la pena, que es una batalla perdida, que habría que rendirse. Todo está en nuestra contra y los intentos son sin sentido. La lógica nos dicta que la rendición es la mejor opción. Pero estamos hablando aquí de aquello en lo cual no hay lógica, aquello en lo que él sin sentido cobra su mayor sentido. Y hay sufrimiento, ese es el riesgo del juego en el que la apuesta es la misma instancia del ser. Claudicar no es una opción, la lucha continúa hasta sus últimas consecuencias. Va siendo la hora de salir de la trinchera, de dejar atrás las intrincadas estrategias y planeaciones. El acto heroico es considerado valiente y a la vez estúpido. Pero por amor, ¿quién no hace estupideces?

viernes, 17 de febrero de 2012

Reflexiones sobre el amor II

Continúo con esta tarea imposible de decir algo coherente acerca del amor. Trate de escribir ciertas cosas sobre las que había estado pensando, buscando libros que me dieran una guía mas solida acerca de esto. Me di cuenta al escribir, que sonaba muy artificial, mas rebuscado. Ya de entrada hablar de esto es un pleonasmo, una repetición de algo sabido. Así que decidí abandonarme en los pensamientos, tratando lo menos posible de hacer referencias teóricas y ponerle más atención a aquello que simplemente acudía a mi mente. Pero bueno, como dice el trovador: “Y es que no importa que digan, que esta trillado, hablar de amor, que maldigan, si no han probado, la noche en sus brazos de sol…”. No hay tema más trillado, mas hablado, mas escrito, mas actuado (y en ocasiones vaya que sobreactuado)  que el del amor en la producción humana. Simplemente traigamos a nuestra memoria una película o canción. Podría apostar que entre sus albores se encuentra el amor, en mayor o menor medida, pero se encuentra.

“El amor es una locura, estoy loco por ti, tú me vuelves loco” Frases así encontramos en el discurso del enamorado cuando habla a su amada. No soy yo el loco, eres tu quien lo provoca. Es el otro que se posesiona de mis pensamientos y acciones, ambas producciones del lenguaje. Algo ha invadido el cuerpo, algo ha tomado posesión de la misma existencia del ser. “Me gusta como soy cuando estoy contigo”. Ya no soy yo mismo, soy otro que habla a través de mi boca, soy otro que escucha con mis oídos, soy otro que siente con mis sentidos. He sido secuestrado en mi propio cuerpo. Y es precisamente la amada quien ha tomado mi vida, mi ser y existencia. Es el amor que me hace estar fuera de mí, que enloquece en su evocación. Tomemos en cuenta hasta que punto un enamoramiento posee las características de un delirio, de una alucinación. ¿Acaso no vemos a la amada en cada amanecer? ¿No vemos a la amada en cada cosa hermosa que nuestros ojos pueden vislumbrar? ¿No escuchamos sus palabras en los suspiros del viento, en el dulce cantar de las aves? ¿En el sonido de las olas del mar? Sin este carácter delirante no existirían ni la música, ni poemas, nada. Definitivamente hay algo insano en esto de amar a otro, que me aliena cual pasajero en mi cuerpo, cual intruso en mis pensamientos. Invasión que me vacía y me llena. Una enfermedad, una patología, algo que pasa, que acontece sin esperarlo. Que sin avisar llega entrando a sus anchas. Loco es quien hace locuras, ¡¿Pero quién, en posición de enamorado, no ha hecho cosas por la amada que “normalmente” no haría?! Así, estamos riendo por temas sin sentido; así, sin hablar nos entendemos. Hacemos el ridículo. Esto es cosa de locos. ¡Me vuelve loco!, y si el amor es una locura, el mundo sería un inmenso manicomio.

Recordemos un poco nuestra infancia, no tanto, solo un momento. Ese juego llamado de los “encantados”, en donde corremos de alguien que posee “algo” que en el instante mismo que nos toca, quedamos “encantados”, paralizados en la posición en qué quedamos, convertidos en estatuas ante el contacto del otro. “Me encantas”, otra frase tomada del vocabulario del enamorado. “Estoy bajo un hechizo cuyo nombre eres tú”. No es coincidencia que dentro de los albores de la magia, sea el manejo y/o control del amor uno de sus objetivos. Si no, ¿Por qué la existencia de tantos rituales, consejos, medallones preparados para atraer el amor? Solo basta tomar una revista para adolescentes (y porque no, hasta una la famosa Cosmopolitan para la mujer) y rápidamente encontraremos hechizos para el amor, decretos que lo atraigan, etc. La lista es interminable. La sabiduría popular no deja de lado este aspecto “mágico” del amor. Recordemos a los antiguos, aquello que no tenia explicación, era atribuido a misteriosas influencias, poderes encima de nosotros. Justamente, porque el amor es inexplicable es porque encuentra su lugar en aquello oculto, velado, misterioso. Es interesante el hecho de que tales “procedimientos” sean dirigidos hacia un mercado casi completamente femenino, aunque no es de extrañarse. Si existe un enigma cuya respuesta no sería más que otro enigma seria la mujer. ¿Y quién sería capaz de resistir (nuevamente) los “encantos” de la amada, sumergirse en su “hechizo”?

“El objeto de amor solo se engendra en una falta que motiva su anhelo” Es decir, es necesario que falte, que no este, que no se tenga. Solo así podría engendrarse el amor, así como Eros nace de la unión de Penia, diosa de la pobreza; quien, mostrando su ausencia, es tomada por Poros, dios de la riqueza. ¿Qué sentido seria buscar aquello que ya se ha encontrado? Ninguno. Por eso debe faltar, para que provoque su búsqueda. “Me haces falta tu”, “Tu me completas”, “Mi alma gemela”, “mi media naranja”. Seres completos de cuatro brazos y piernas que han sido, escindidos, cortados por un vengador Zeus y su rayo produciendo individuos (los que han sido divididos); seres condenados a buscar la mitad perdida y anhelada. Encuentro de dos que nada tienen, pues a ambos les falta. Pero lo cierto es que no tengo nada (…) yo solo tengo este amor, dime si quieres tomar el riesgo…

miércoles, 8 de febrero de 2012

"Algunas reflexiones sobre el amor"

Tengo una ligera idea de cómo comenzar este pequeño escrito, sin embargo encuentro cierta dificultad para ponerlo en palabras. Es que hablar sobre el amor ya es en sí arriesgado, pero creo que esa es su esencia; en temas de amor siempre va implícito un riesgo. Lacan; en dos momentos diferentes pero siguiendo la misma línea, dirá que es imposible decir algo con sentido o sensible acerca del amor, de hecho, en el momento en que uno se pone a hablar sobre el amor se cae en la imbecilidad. Por lo tanto, hablare de un imposible y seré un imbécil, aunque no seré muy diferente a los demás, puesto que lo que caracteriza al hablante es precisamente que habla sobre lo que es imposible de decir.

No pretendo realizar una revisión teórica acerca del amor, sino más bien tratar de organizar mediante un escrito las ideas que sobre el amor me han llevado a la reflexión. Ire escribiendo haber que es lo que obtengo al final. Decía que el riesgo es la esencia del amor, ¿Qué acaso el acto de la declaración de amor; la final puesta en palabras de aquello que es sentido, el momento en que me cruzo con la mirada del otro con mí ser puesto en dos palabras: “Te amo”, no es esto acaso un riesgo podríamos decir casi mortal? ¿No reacciona lo real del cuerpo ante la enunciación de aquello callado que clama al fin por entrar al mundo del reconocimiento, de que el otro sepa, que esté al tanto; como si la sola pronunciación se tratara de un peligro a su integridad? Definitivamente hay un riesgo.

Inefable. Curiosa palabra que designa aquello que no se puede decir. Es interesante el hecho de que una palabra se necesite para definir aquello que no se puede poner en palabras. El amor es algo inefable, solo podemos llegar a el por medio de desvíos y giros, como si nunca se pudiese definir completamente. Dice una canción que si puedes definir el odio o el amor, que desilusión. El amor será entonces una ilusión, producción imaginaria a la cual solo pude llegarse por medio de giros y desvíos, imposible de traducir al mundo del lenguaje, del intercambio simbólico si no es por medio de la intervención de las artes; la música, el teatro, la literatura, y demás producciones artísticas; gestos como la caricia, el abrazo, etc.; regalos de utilidad nula como las flores, las caritas, las estampas, los globos, sobre los cuales nos dirá Zizek que son la expresión por excelencia del amor, pues solo un objeto carente de sentido y de utilidad puede significar el amor. Dijimos que del amor no se puede decir nada con sentido, es que al amor solo funciona como un no-sentido, como algo imposible. Una emoción que lleva como bandera el engaño (sentí-miento) de tener que pasar por lo simbólico, travesía forzada que será necesaria para que llegue a oídos del otro amado.

La mirada. Esa mirada del otro amado, esa que hipnotiza y paraliza los sentidos; recuerda el mito de la Medusa, esa Gorgona que con la mirada convertía a los mortales en piedra. Esa mirada terrible y anhelada que inmoviliza al enamorado. Nuevamente recurro al alma popular y a la creación artística la cual nos dice: Quédate un momento aquí/no mires hacia mi/que no podre aguantar/si clavas tu mirada/que me hiela el cuerpo/me ha pasado antes/que no puedo hablar/. La palabra y la mirada del otro amado, que cautiva y aprisiona, ocasión de alegría y de sufrimiento y que deja sin palabras. La sola voz que silencia el alma y hace temblar el cuerpo. El susurro de la amada que amaga los sentidos.

Decía Platón que el amor es un estado intermedio entre poseer y no poseer. Esta definición, adecuada a primera vista, no alcanza a profundizar en la esencia amorosa, solo toca a un aspecto de su manifestación externa. En efecto, excluye el amor que dice: “¿Qué te importa a ti que yo te ame?”. ¿No es acaso este amor el más puro y perfecto? ¿No es este amor que da sin pedir; al cual no le importa que se le reconozca o no se le reconozca, sino que se place solo en el acto de amar al otro, el más apasionado? Ese amor que no es contaminado por la presencia de las palabras que solo lo manchan y desvirtúan, el amor que pasa cual rayo de luz por el cristal. Pero tiene un costo; un alto costo, el del sufrimiento y de la incertidumbre.. Porque si se calla, ese amor esta destinado solo al dolor, dolor por el amado(a) que no sabe de nuestro amor. Es preciso que al amor sea expuesto, que sea apalabrado aunque así pierda su pureza, porque nada llega puro al mundo sino contaminado por el lenguaje que demuestra su inutilidad para decir lo que se desea decir. Solo esta es la via del amor,debe entrar al registro.

Para terminar, quisiera partir de la perspectiva de aquel a quien va dirigido el amor, es decir, el que es amado. La declaración de amor. ¿Cómo reaccionamos cuando alguien nos declara inesperadamente su amor? Descubrirse de pronto en la posición de amado puede llegar al nivel de un evento traumático o violento, una irrupción que viene a poner en duda mi propia existencia: “¿Qué hay en mí que va mas allá de mi mismo que provoca en ti ese deseo? Dices que me amas, ¿Qué vez en mi que hace que me desees de ese modo?”. De ahí las preguntas recurrentes que escuchamos: “¿Por qué me quieres?” será el ejemplo más simplón pero certero a este cuestionamiento del ser. Antes incluso de poder ofrecer una respuesta a tal reclamo, porque reclamo es de que me ames, la primera reacción es que hemos sido asaltados por algo que llega forzado. Por eso dirá Zizek que el amor es un acto en extremo violento, que viene y desequilibra mi entero universo. Es en se sentido formal en que el amor puede considerarse como maldito.

Eso que no tengo y que busco en el otro, que tampoco lo tiene, porque perdido esta y solo porque perdido es; ausencia y falta que posibilita la búsqueda, deseo y demanda entrelazadas en un solo fin, de eso de lo que trata la cultura, la comunicación, las artes y toda producción humana (inclusive el psicoanálisis) : eso nombrado; pues no se puede de otra forma, como el amor.

jueves, 2 de febrero de 2012

"Cajas de verdad"

¿Y no es algo clásico dentro de las tragedias antiguas (y porque no, en las actuales) de aquel vidente que pasa por la ceguera, de la falla del ojo para devenir observador de lo que, y parafraseando lo que decía cierto líder de los Thundercats al levantar la espada del augurio, esta mas allá de lo evidente? Y es que precisamente este es el problema con el que se encuentra nuestro protagonista y lo que puede resultar de transmisible dentro de los limites que nos pusimos en esta lectura. El presenta a los adultos el dibujo de una serpiente que se ha comido un elefante. Aquí el adulto falla en "ver" esto que estaria mas alla de la simple vista. Y por segunda ocasion, el pequeño dibujante presenta ahora a la misma serpiente, pero ahora la "transparenta" para que los adultos vean al desafortunado elefante. En un primer tiempo, la verdad aparece velada, taponada, cubierta, el elefante esta "dentro" de la piel de nuestra serpiente y toma la apariencia de un sombrero. En un segundo tiempo, y como intento de "corrección", tal pantalla que impide el acceso a la verdad es removido, transparentado: "tuve que dibujar el interior de la boa para que las personas mayores pudieran entender. Siempre hay que explicarles todo (...)". La misma explicación resulta absurda, parecida a esa sensación en la que se tiene que explicar el chiste porque no se capto, pero con la condición de la muerte del chiste. La verdad velada que pide su explicación; la de-velación de la verdad en donde aparece en su absurda y tonta presencia; y por ultimo, la verdad como solo asequible a la ciencia, englobando esta como lo comprobable, por no decir que lo útil.

Zizek, en su articulo "Good manners in the age of Wikileaks", toma de entrada para abordar este tema que tanto ha dado de que hablar (bueno, aunque ya no tanto como solia hacerlo, por las razones que Zizek mismo  comenta)  y a mi parecer, su principal núcleo es el siguiente: "la única revelación de Wikileaks es que no contiene sorpresas, ¿acaso no nos enteramos de aquello de lo que ya estábamos enterados? La real perturbación se da en el nivel de las apariencias: ya no podemos pretender que no sabemos lo que todos saben que sabemos"; y continua Zizek mas adelante en su articulo, "es un error asumir que revelar enteramente aquello que estaba secreto nos liberaría. La premisa esta errada. La verdad libera, pero no esta verdad (las cursivas son del autor)" Aqui Zizek se adentra en una paradoja que se vive en la experiencia de la verdad en los tiempos actuales, ¿que paradoja es esta? Uno no puede simplemente confiar en la fachada, en los documentos oficiales que se divulgan, asi como tampoco se puede confiar en el chisme que se comparte detras de la fachada. Se nos dice ademas que la privacidad esta desapareciendo (la presencia del paparazzi como aquel que muestra la privacidad de los actores), que todo esta abierto a la opinión publica. La premisa de Zizek es que lo que ocurre en realidad es lo contrario, lo que esta desapareciendo es el espacio publico, y lo muestra el abundante numero de casos de la vida diaria en el que no decirlo todo es es lo adecuado. 

Esta lección la aprende muy fácilmente nuestro pequeño artista frustrado. Ante la mirada del Otro muestra la verdad velada, como Dios manda, y encuentra el rechazo de este Otro, pero, paradojicamente, cuando es mostrada en su cruda realidad este verdad, es decir, transparentada, encuentra nuevamente el rechazo del Otro. Y cuando es adulto, y tiene su primer encuentro con el Principito y su demanda de un cordero, el dibujo aceptado es el de la caja con agujeros en cuyo interior se encuentra el cordero: "Esta es una caja, el cordero que tu qieres esta adentro. Me lleve una gran sorpresa al ver como se iluminaba la cara de mi joven juez:-¡Exactamente lo que quería!". "La verdad esta alli afuera" dirá el eslogan clásico de los X- Files, habría que escribirlo en su reverso: "la verdad esta adentro". La pantalla que requiere lo real verdadero, tomando el feliz concepto de Jacques Alain Miller, es necesaria por estructura. Allí es donde apunta la llamada regla fundamental del análisis, la autorización a decirlo todo, para que la imposibilidad de decirlo todo se haga patente. ¿O habría que ser como el ave que choca con la ventana y muere por que esta misma transparencia?...