miércoles, 8 de febrero de 2012

"Algunas reflexiones sobre el amor"

Tengo una ligera idea de cómo comenzar este pequeño escrito, sin embargo encuentro cierta dificultad para ponerlo en palabras. Es que hablar sobre el amor ya es en sí arriesgado, pero creo que esa es su esencia; en temas de amor siempre va implícito un riesgo. Lacan; en dos momentos diferentes pero siguiendo la misma línea, dirá que es imposible decir algo con sentido o sensible acerca del amor, de hecho, en el momento en que uno se pone a hablar sobre el amor se cae en la imbecilidad. Por lo tanto, hablare de un imposible y seré un imbécil, aunque no seré muy diferente a los demás, puesto que lo que caracteriza al hablante es precisamente que habla sobre lo que es imposible de decir.

No pretendo realizar una revisión teórica acerca del amor, sino más bien tratar de organizar mediante un escrito las ideas que sobre el amor me han llevado a la reflexión. Ire escribiendo haber que es lo que obtengo al final. Decía que el riesgo es la esencia del amor, ¿Qué acaso el acto de la declaración de amor; la final puesta en palabras de aquello que es sentido, el momento en que me cruzo con la mirada del otro con mí ser puesto en dos palabras: “Te amo”, no es esto acaso un riesgo podríamos decir casi mortal? ¿No reacciona lo real del cuerpo ante la enunciación de aquello callado que clama al fin por entrar al mundo del reconocimiento, de que el otro sepa, que esté al tanto; como si la sola pronunciación se tratara de un peligro a su integridad? Definitivamente hay un riesgo.

Inefable. Curiosa palabra que designa aquello que no se puede decir. Es interesante el hecho de que una palabra se necesite para definir aquello que no se puede poner en palabras. El amor es algo inefable, solo podemos llegar a el por medio de desvíos y giros, como si nunca se pudiese definir completamente. Dice una canción que si puedes definir el odio o el amor, que desilusión. El amor será entonces una ilusión, producción imaginaria a la cual solo pude llegarse por medio de giros y desvíos, imposible de traducir al mundo del lenguaje, del intercambio simbólico si no es por medio de la intervención de las artes; la música, el teatro, la literatura, y demás producciones artísticas; gestos como la caricia, el abrazo, etc.; regalos de utilidad nula como las flores, las caritas, las estampas, los globos, sobre los cuales nos dirá Zizek que son la expresión por excelencia del amor, pues solo un objeto carente de sentido y de utilidad puede significar el amor. Dijimos que del amor no se puede decir nada con sentido, es que al amor solo funciona como un no-sentido, como algo imposible. Una emoción que lleva como bandera el engaño (sentí-miento) de tener que pasar por lo simbólico, travesía forzada que será necesaria para que llegue a oídos del otro amado.

La mirada. Esa mirada del otro amado, esa que hipnotiza y paraliza los sentidos; recuerda el mito de la Medusa, esa Gorgona que con la mirada convertía a los mortales en piedra. Esa mirada terrible y anhelada que inmoviliza al enamorado. Nuevamente recurro al alma popular y a la creación artística la cual nos dice: Quédate un momento aquí/no mires hacia mi/que no podre aguantar/si clavas tu mirada/que me hiela el cuerpo/me ha pasado antes/que no puedo hablar/. La palabra y la mirada del otro amado, que cautiva y aprisiona, ocasión de alegría y de sufrimiento y que deja sin palabras. La sola voz que silencia el alma y hace temblar el cuerpo. El susurro de la amada que amaga los sentidos.

Decía Platón que el amor es un estado intermedio entre poseer y no poseer. Esta definición, adecuada a primera vista, no alcanza a profundizar en la esencia amorosa, solo toca a un aspecto de su manifestación externa. En efecto, excluye el amor que dice: “¿Qué te importa a ti que yo te ame?”. ¿No es acaso este amor el más puro y perfecto? ¿No es este amor que da sin pedir; al cual no le importa que se le reconozca o no se le reconozca, sino que se place solo en el acto de amar al otro, el más apasionado? Ese amor que no es contaminado por la presencia de las palabras que solo lo manchan y desvirtúan, el amor que pasa cual rayo de luz por el cristal. Pero tiene un costo; un alto costo, el del sufrimiento y de la incertidumbre.. Porque si se calla, ese amor esta destinado solo al dolor, dolor por el amado(a) que no sabe de nuestro amor. Es preciso que al amor sea expuesto, que sea apalabrado aunque así pierda su pureza, porque nada llega puro al mundo sino contaminado por el lenguaje que demuestra su inutilidad para decir lo que se desea decir. Solo esta es la via del amor,debe entrar al registro.

Para terminar, quisiera partir de la perspectiva de aquel a quien va dirigido el amor, es decir, el que es amado. La declaración de amor. ¿Cómo reaccionamos cuando alguien nos declara inesperadamente su amor? Descubrirse de pronto en la posición de amado puede llegar al nivel de un evento traumático o violento, una irrupción que viene a poner en duda mi propia existencia: “¿Qué hay en mí que va mas allá de mi mismo que provoca en ti ese deseo? Dices que me amas, ¿Qué vez en mi que hace que me desees de ese modo?”. De ahí las preguntas recurrentes que escuchamos: “¿Por qué me quieres?” será el ejemplo más simplón pero certero a este cuestionamiento del ser. Antes incluso de poder ofrecer una respuesta a tal reclamo, porque reclamo es de que me ames, la primera reacción es que hemos sido asaltados por algo que llega forzado. Por eso dirá Zizek que el amor es un acto en extremo violento, que viene y desequilibra mi entero universo. Es en se sentido formal en que el amor puede considerarse como maldito.

Eso que no tengo y que busco en el otro, que tampoco lo tiene, porque perdido esta y solo porque perdido es; ausencia y falta que posibilita la búsqueda, deseo y demanda entrelazadas en un solo fin, de eso de lo que trata la cultura, la comunicación, las artes y toda producción humana (inclusive el psicoanálisis) : eso nombrado; pues no se puede de otra forma, como el amor.

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