De acuerdo al Maria Moliner, encontramos dos excelentes ascepciones que en el español se utilizan, de acuerdo al contexto de lo que se intenta decir, y digo intenta porque no existe mas que el intento de transmitir algo de lo que se quiere comunicar; para referirnos a la palabra incomodo. Ya sea en su forma de adjetivo, en la cual involucra el ser y/o el estar del sujeto/objeto: "se dice de lo que obliga a una postura o produce molestias"; o bien en su forma de verbo, en donde actua como causa, un hacer. Se habla de un mal-estar. Desde muy temprano en la enseñanza del psicoanalisis, el problema de la verdad ha estado presente. Y lo esta desde una posición curiosa. La verdad como aquello que no puede soportarse. Que causa molestia. Que incomoda; como aquella que le pertenece al sujeto en la figura del sintoma como intento de conciliar una verdad que le es penosa; como aquel traspie de la palabra. Aqui es donde el psicoanalisis se aleja de la nocion de la verdad como correspondiente a lo sucedido, a lo comprobable, la que sería la verdad cientifica. Repetible. Pues en la experiencia dela analisis la verdad solo surge en su de-velamiento. En su no-decir la verdad esta ya dicha. Labor del analista el de presentarle al analizante su palabra al reverso. Alli donde yerras, alli donde te equivocas, alli donde olvidas, alli esta la verdad, una verdad que tiene la peculiaridad de no saberse justo donde se sabe. Freud le llamo inconsciente. Todo su desarrollo posterior se basa en esta noción, de esta fe, de esa creencia en que existe un inconsciente. Y digo fe en el sentido que le otorga un teologo como Joseph Ratzinger; la fe como un salto, como una decisión de la voluntad. En sus Conferencias de Introducción al Psicoanalisis, y ante un publico academico, Freud inicia su lectura advirtiendo y dando la oportunidad de que salieran del auditorio, para luego pedirles que se acepte la premisa de que existe lo inconsciente, y, aún mas audaz, que la vida consciente es dominada por estas mociones inconscientes. Un acto de fe. En ese sentido, el analista es un aserrimo creyente. Y a eso se le pide a aquel que inicia un analisis. Que hable. "Yo, la verdad, hablo..."No hay otra forma mas que la palabra, Del inconsciente sabemos por su narrativa. Por sus efectos de y en el lenguaje. La regla fundamental, el decirlo todo. Cosa imposible, como el decir la verdad, la verdad completa. De alli que nos contentemos con la varité, neologismo lacaniano que condensa verdad y variedad; del sujeto que acude con su malestar, malestar que, a su vez, encierra su propia y peculiar forma de afrontar su Real, su sintoma, su verdad.
sábado, 18 de octubre de 2014
viernes, 18 de julio de 2014
MLa palabra incide en el cuerpo. Lo marca, lo señala, produce efectos. A su vez, el cuerpo condiciona el lenguaje. La lengua en su ambigüedad; como organo de lo corporal y de lo simbolico de la palabra. Uno habla con la lengua y en una lengua que en la mayoria de los casos es la materna. La palabra le da cuerpo al cuerpo; imagen ante el espejo como lo es fragmentado. A su vez, el cuerpo tambien viene a definir "al conjunto de las cosas que se dicen en la obra escrita o en el libro", según nuestro diccionario. Pues como dice la escritura, no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra divinamente pronunciada. Son inseparables. Palabra y cuerpo. Cuerpo y palabra. En el primer capitulo de su libro sobre el goce, Braunstein hace mencion de esta banda de boemius que conjugan al sujeto, sujeto que no lo es mas que de un cuerpo que le habla en silencio, de acuerdo a la nocion freudiana del mutismo de la pulsion. Pero, la experiencia del analisis indica que silencio no significa precisamente que no se haya algo que decir, sino que aquello que no es pronunciado es traducido en el cuerpo.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Sin titulo
Algo
ocurre para quien se aventura en la experiencia analítica. Fue Lacan el primero
en adjudicarle el estatuto de experiencia a eso que sucede en la inmediación de
lo que se llama un psicoanálisis. Algo pasa. Un pathos, aquello que sucede. Y efectivamente, lo que sucede es que
algo cedió. Se dio. Un cambio de sede al cuestionamiento del sujeto hacia
aquello que lo sujeta. Partimos de la diferenciación de la imposición que
moraliza, de la impostura de las categorizaciones a la postura que eticiza, si se nos permite el
neologismo. ¿Cómo es que esto ocurre? De la misma manera que el inconsciente,
tal como es descubierto por Freud en su obra y formalizado por Lacan en su
enseñanza; como un episodio fulgurante, que de pronto hace su aparición como el
rayo.
Y
esto, claro, no sin resistencias; parte importante de esta experiencia. A la
tensión del discurso del inconsciente que es el discurso del Otro. Resistencia.
Reticencia. Jacques Alain Miller llama hacer vacilar los semblantes a uno de
los objetivos de la práctica del análisis, de la práctica clínica. En ultimadas
cuentas, ¿Qué es la clínica? ¿Cuál es su fin? Y en caso de tenerlo, ¿cómo se
llega a ese fin? Dudas que no son dudas ante la existencia de certezas. De
sentido. ¡Y cómo no, si los mismos practicantes psi se encuentran alienados en
los discursos de la estadística, de los números, de la reducción del sujeto a
la cifra, de los resultados, de la promoción del logro de cambio o
modificaciones en la conducta para lograr una mejor adaptación al medio, como
lo dictan las actuales definiciones de psicoterapia! Atrapados en el juego del
“como si” de las instituciones de las que habla José Perres. No se alcanza a
diferencia la moral de la ética. Cuando uno comienza a cuestionar el quehacer
sobre la clínica, rápidamente se da cuenta que es totalmente diferente a lo que
definen los libros. Preguntas como ¿Qué diablos es la adaptación al ambiente?
surgen buscando respuestas lógicas. ¡Ah, ya lo entiendo! Cómo me comporto o
pienso de una manera que se sale de la línea, del promedio, de esa campana de
Gauss, el psicólogo terapeuta deberá empeñar sus esfuerzos a modificar la
conducta y volver a las líneas de los “normales”, esos benditos ideales de
manual que poseen un bienestar bio-psico-social según las nuevas definiciones
de salud de la OMS. Si se observa bien, esta definición excluye totalmente al
paciente, cliente, analizante, como se le quiera llamar a ese sujeto que toca a
la puerta del consultorio. La psicoterapia en sí misma es la promotora del
“cambio”. A fin de cuentas, ¿Qué pasa con el paciente? El no tiene la culpa de
lo que le pasa. ¿Por qué habría el de inmiscuirse en su síntoma? Así hablan los
promotores de la felicidad, del bien, del placer. Si no se es feliz, es culpa
del cerebro y de la mala segregación de sus sustancias (aquí se recuerda
aquella antigua teoría de los humores y la enfermedad mental concebida como el
desequilibrio de los mismos). Y si no es el cerebro, es por lo genes, dejando
en último lugar a la subjetividad, si es que aún se la toma en cuenta. Y,
siendo honestos, hemos de decir que es justo esto lo que al comienzo de la
práctica clínica buscaba. El interés por los resultados. Ese furor sanandi del cual nos advierte
Freud en sus textos dedicados a la técnica. Se había dejado de lado que el
psicoanálisis es la praxis de una ética, siguiendo a Mauer, Moscona y Resnizky.
Hable
del psicoanálisis como la praxis de una ética pero, ¿Qué es el psicoanálisis?
Una peculiar forma de “tratamiento del alma” propuesto hace poco mas de 100
años y que por sus controversiales formas de ver al sujeto es totalmente
desterrado de estas psicoterapias normativas humanistas, conductistas,
cognitivas y demás (usted, querido lector, sabe de qué psicoterapias hablo,
esas que SI son científicas, experimentales y dan resultados rápidos y
descafeinados según la feliz expresión de Zizek). Ese que celebra la
diferencia, que funciona en tanto está presente la alteridad del otro, clínica
del caso por caso a la cual no le interesan los diagnósticos etiquetadores, ese
que en lejos de negar el sufrimiento del hombre le da un lugar que ya nadie
presta atención, el del discurso. Y aquí cito a la psicoanalista Lizbeth
Ahumada: “El psicoanálisis busca hacer
surgir, localizar una dimensión ética profunda y no sólo aliviar o hacer
desaparecer el padecimiento; es una ética orientada al nivel subjetivo de
responsabilidad implicado en el propio sufrimiento. Hacerse responsable en
relación a los propios síntomas hasta el extremo máximo, sitúa la orientación
de la clínica. Es decir, el campo del goce que se deriva de allí, determina la
finalidad de la cura: tratamiento del goce y de la ética que supone tomarlo a
su cargo”. ¿Has actuado conforme a tu deseo? Esa es la pregunta que Lacan
repite en su seminario dedicado a este tema. El análisis no va dirigido al
cambio de conducta o a la felicidad, sino para confrontar al analizado con la
verdad que es su deseo y de un goce que le es escurridizo por el diafragma de
la palabra y el lenguaje. De eso que va
más allá del principio del placer; principio que funciona como barrera del
deseo, de una dialéctica del Bien generador de políticas de normatividad. Generador de dudas más que de respuestas; el
dispositivo analítico puesto a correr por el establecimiento de una demanda en
donde lo único que pedimos es que se hable, pues en el habla surge la división
del sujeto y su posición subjetiva. Posición que a lo largo de la cura es
cuestionada no por el analista, sino por el propio analizante. No se entra en análisis por necesidad
(necedad), se recurre por un "no hay otra opción mejor". No hay una
prescripción para acudir al analista. Y así como en ajedrez, en los que abundan
los libros para describir aperturas y finales, dejando un blanco en lo que
pasaría entre estos dos puntos (inicio-final), podemos muy bien hablar acerca
de la entrada y la salida en análisis. No hay colectivo en análisis. El
parletre hablara sobre sí mismo, su viaje no lo puede hacer otro. Claro que
hablara a partir del Otro, no hay otra forma. Pero si hace su recorrido, bien
podría deshacerse de ese Otro y valerse de él. El camino, ese siempre será
peligroso. Y requiere tiempo. Un tiempo lógico. Tiempo para comprender. No se
llega del punto A al punto B sin que algo se atraviese. No hay tele
transportación. Eso será para la psicosis. El tiempo es relativo. No se puede
encajuelar en un standard. Pues el sujeto se encaminara en su inconsciente, y
como tal no conoce de temporalidad, Freud dixit. Palabra y tiempo condensaran
pasado, presente y futuro. Tres tiempos que solo hablan de amor, dese y goce;
de lo imaginario, lo simbólico y lo real, este último, como lo imposible, lo
que nunca llega (hoy no se fía, mañana si), lo que no cesa de no escribirse, y,
de hecho, el analizante y su blablablá tendrá que hacerse cargo de eso
imposible. El analista solo esta allí para ser un conductor. Y cobrara, pues el
recorrido no lo es si no cuesta.
El
analista, o psicólogo. El también es un sujeto deseante que trabaja con su
subjetividad. Y la posición que este adopte frente al sujeto, su concepción del
sujeto, marcara la marcha de la cura. Pues nuestras intervenciones provendrán
desde ese marco. Sin proponer, sin sugerir, sin esperar. Pues el analista no opera desde la posición
del amo o del saber, sino el de la completa incertidumbre, desde un vacío. Un
ethos desde el movimiento y desde el reconocimiento del otro en su radical
diferencia y en su deseo, quien siguiendo a Zizek, me confronta con el enigma
de mi propio deseo.
jueves, 27 de febrero de 2014
Reflexiones sobre el amor (inédito)
Y
es que no importa que
digan/ que esta trillado/ hablar de amor que maldigan/ si no han probado/ la
noche en sus brazos de sol…Así canta el trovador siguiendo la línea que ya
habíamos descrito: hablar de amor esta trillado; pero que goce hay en su
repetición, que mayor tontería que volver a decir lo mismo aunque no se haya
dicho nada. Es por el amor que existimos, y como dicta la filosofía budista, la
existencia conlleva sufrimiento. Esto nos lleva a una tesis manejada en el
anterior escrito, el amor es sufrimiento. El mejor de ellos.
¿Qué pasa cuando nuestra
demanda es escuchada? El caso en el cual la declaración lleva a la formación de
una pareja, en el feliz caso de que el otro al cual se dirige nuestro amor ha
aceptado ser el acompañante de esa travesía increíble que del amor surge, ese
momento en que siguiendo el mito de Platón sobre los seres divididos que
condenados a buscar su otra mitad encuentran en su búsqueda y dichoso hallazgo
la completud de su existencia.
Platón; en uno de sus
famosos diálogos titulado (o más bien mejor conocido como) El Banquete, el cual quizá sea una de los mejores registros que
tenemos de antiguo en temas referentes al que nos ocupa; pone en labios de
Aristófanes el siguiente mito para explicar el amor: Hubo un tiempo en que la
tierra estaba habitada por seres esféricos con dos caras, cuatro piernas y
cuatro brazos. La arrogancia de estos seres provoco la ira de Zeus quien para
someterlos los dividió con su rayo, convirtiéndolos en seres incompletos y
condenándolos a anhelar siempre la mitad perdida. ¿No definen estos seres
esféricos con sus partes dobles la clásica imagen del narcisista (el que se ama
a sí mismo en la más simple de las explicaciones) que se mira ante el espejo y
con cuyo reflejo se identifica en un vaivén circular de imagen-cuerpo
completos? ¿Qué pasa entonces con el sujeto dividido, el escindido, al que algo
le falta, ese que anhela aquello que tuvo y que ha perdido, condenado a la
búsqueda de esa “media naranja” que lo complete, que lo llene en todos sus
aspectos? Cualquier parecido con el mito, ¿es pura coincidencia…?
Hablando sobre el carácter
“apasionado” del amor, me gustaría retomar nuevamente a Zizek en lo siguiente.
El se plantea una pregunta sobre lo terriblemente violento en manifestar
abiertamente pasión por y hacia otro ser humano. Hay que entender la pasión no
como nos la presentan las telenovelas baratas, en donde solo nos muestran dos
cuerpos sudorosos retorciéndose ante la cámara en una pseudo representación del
amor apasionado, donde lo único que logran es desvirtuar el carácter sublime de
la pasión por otro ser humano. La pasión será algo que se sufre, que
se adolece, algo que es vivenciando; de carácter del sentí-miento que dijimos
que parte del engaño, un engaño que perturba al ser. Engaño que se sufre,
engaño imaginario como se dijo en el primer apartado.
Siguiendo esta línea sobre
el carácter violento de amor, tomo nuevamente a Zizek: ¿No es obvio que haya algo terriblemente violento en manifestar
abiertamente pasión por y hacia otro ser humano? Por definición, la palabra
hace a su objeto, e incluso si su destinatario acepta complacido ocupar ese
lugar, no podrá evitar tener que pasar por momentos de conmoción y sorpresa. Zizek se plantea este
pregunta acerca del carácter que podría ser llamado violento y hasta porque no,
intrusivo. El involucrarse en la vida de otro ser humano, conocer sus gustos y
disgustos, su entera existencia y vida, sus hobbies, etc. ¿No es esto lo mismo
que ocurre con el interrogador que a la luz tenue de una lámpara obliga al
interrogado a que reluzca su verdad? Es por eso que menciona que aunque la
respuesta a la declaración sea afirmativa (y esto ya lo dije en otro lugar) no
se puede evitar pasar por momentos de conmoción y sorpresa, como un ataque que
esperamos mas nunca sabemos con certeza cuando llegara. Ataque a la
individualidad de la persona, duda e incertidumbre acerca de lo que soy a los
ojos del otro, ese otro que dirige su palabra y mirada hacia mí; más bien, a
eso más allá de mí que causa deseo.
Otra característica de esta
segunda etapa, es el de la exaltación del otro. “Eres la mujer más hermosa del mundo”, “Tus ojos con como lagos
profundos en los cuales sería un placer ahogarse”, “Tus labios son reflejos y
tus dientes azúcar y es perfume su aliento”; todo esto producción que
señala la perfección del otro, no hay ojos para nadie más, nadie más vale la
pena. Ejemplo de esto es el amor cortes que existió (al parecer aun queda un
poco) en la edad media en boca de los caballeros y de los trovadores: las
hazañas del caballero, así como los cantos del artista iban dirigidos solo a
los ojos y oídos de la amada colocada en un pedestal inaccesible (ya hablaremos
de esto más adelante). No hay lugar para el error, puesto que estoy reflejado
en ese otro por el que vale la pena la existencia, que conlleva sufrimiento y
por el que lo vale. A veces me cuestiono sobre la existencia de personas que
teniendo el amor en sus manos, lo desperdician o no le dan el valor que debiera
merecer, que no aprecian lo que la vida les ha dado. Tienen una persona
maravillosa a su lado y prefieren devaluarlo o no le dan la importancia que
tiene. Será tema en otro momento. Quisiera terminar con esta frase mencionada
por un profesor y que dará pie a una continuación: “El objeto de amor no es en
serie, es vivenciado como irrepetible”.
viernes, 14 de febrero de 2014
Cambios...
Casi nadie hoy podria decir que no vivimos en una epoca de cambios. Simplemente con pensar en cualquier aspecto de la vida es posible el encontrar un cierto movimiento. Los Iphones cambian cada cerca de 10 meses, los Galaxy S cada 8, las parejas...dependera. A un nivel meramente fenomenologico de las cosas, en el mas minimo nivel de empirismo un cambio sobreviene cuando se presentan los siguientes casos: a) lo anterior ya no sirve y/o ha caido en el desuso; b) una versión nueva que supera lo anterior y c) una mezcla de las anteriores. Y esto aplica para casi todo. Desde toda la gama de gadgets y artefactos que nos presenta este sistema, hasta las mismas relaciones amorosas. Valoramos las cosas por su utilidad, por el grado en el cual puede ser usado. Una relación de pareja es sana si nos deja aprendizajes, experiencias positivas, crecimiento emocional/espiritual/moral, alegría, etc. Es util, esta bien, pueden seguir juntos. Puedo seguir con mi Iphone si aun puedo actualizarlo en su ultima versión de IOS sin sentirme mal de mi mismo. Pero llega el momento en que ya no puedo actualizarlo mas, llega el tiempo en el cual la relación de pareja llega a esa monotonía que provoca la felicidad. Y es que el mandato superyoico a gozar, a ser felices, a explotar nuestro maximo potencial no le da cabida al sufrimiento. Prefiere mas bien callarlo con diagnosticos, tratamientos y pastillas que estimules (simulen) la felicidad. Para evitarlo, el sufrimiento, hay que hacer cambios. Tienes que cambiar de pareja, cambiar de gadgets, cambiar de actitud, etc. Y el ciclo se repite, como lo es el goce, aquello que no sirve para nada...
miércoles, 29 de enero de 2014
Algo que se me ocurre...
Escribo al compas de las palabras que se van dictando ellas mismas a través de los dedos que se dirigen de un lugar a otro en el teclado de la compuradora. La letra ocupa del cuerpo para darle ex-sistencia. El cuerpo mismo es ex-sistencia, lo ajeno en lo que nos es propio, lo propio que se nos muestra como lo mas ajeno, pues ¿quien podria aventurarse a dividir estos dos estadios del ser? La carne, nace, crece, se reproduce y eventualmente muere, el cuerpo, en el mejor de los casos, ha sido envuelto por una delicada capa de discurso, cuya etimologia nos refiere a discurrere, o si se prefiere en lalengua de Cervantes, "correr en todos los sentidos, aunque prefiero pensarlo en que corre detras de los sentidos, en toda la excelente ambigüedad de los terminos. Para el pensador de los seguidores de las enseñanzas de Krishna, los sentidos son distractores, simples medios que obstaculizan en camino hacia el cierre del ciclo de reencarnaciones. El ser hablante, siendo su goce por el habla y porque habla, busca el sentido, corre tras de el. Angustia cuando no le encuentra, encontrando en su lugar lo Real, siendo esta angustia lo que no engaña, donde no hay lugar para la palabra que da cuerpo, que da sustancia, que otorga un piso firme aunque resbaladizo como lo podemos comprobar con esos escapes de inconsciente. Traspies que en el sin-sentido, al igual que la interpretación, hacen vacilar los semblantes...
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